---
canonical_url: "https://elnuevoconservador.com/contenido/3010/la-isla-misterosa-una-novela-catastrofista-ambientada-en-la-habana-del-futuro"
title: "La isla misterosa: una novela catastrofista ambientada en La Habana del futuro"
article_type: "Article"
description: "Ya no me asombra cuando alguien cuenta cómo es vivir rodeados por la mierda y amenazados por los derrumbes; del hambre crónica, de comer la bazofia que podamos conseguir cuando aparezca..."
main_image: "https://elnuevoconservador.com/download/multimedia.grande.8db2315e963277aa.U2NyZWVuc2hvdCAyMDI0LTA3LTEyIGF0IDEyLjI0LjVfZ3JhbmRlLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2024-07-18T08:00:00-04:00"
date_modified: "2024-07-18T15:45:23-04:00"
tags:
  - "Eloy G. Coton"
  - "La Habana"
  - "la isla misterosa"
  - "Literatura Cubana"
  - "Luis Cino"
author_name: "Luis Cino"
category_name: "AUTORES"
category_url: "https://elnuevoconservador.com/categoria/5/autores"
---

# La isla misterosa: una novela catastrofista ambientada en La Habana del futuro

![Screenshot 2024-07-12 at 12.24.54 AM](/download/multimedia.normal.b5368776957b5e62.U2NyZWVuc2hvdCAyMDI0LTA3LTEyIGF0IDEyLjI0LjVfbm9ybWFsLndlYnA=.webp)

*Edificio en ruinas, La Habana (Foto de Ernestro Pérez Chang-Cubanet)*

Acaba de aparecer en Ilíada Ediciones la novela *La isla misterosa*, de Eloy G. Coton, que es el seudónimo literario del escritor y abogado Alberto Rodríguez López.

Probablemente a usted le parecerá que el título es el mismo que el de una conocida novela de Julio Verne. A mí me pasó. Pero luego vi que había leído mal: era *La isla misterosa*, y no “misteriosa” como me había parecido. Lo de “misterosa” fue, según el autor, una licencia por no decir “menesterosa”. No obstante, Julio Verne está implicado en el asunto: el autor atribuye “el financiamiento de la edición ecológica del libro” al Grupo Verne.

*La isla misterosa* no es del género novela negra, que es el fuerte de Rodríguez López. Me aventuro a calificarla como una novela de ciencia ficción en un modo catastrofista, que no lo es tanto porque en ese ambiente angustioso y de catástrofe que se describe casi ya estamos ¿viviendo? los cubanos.

Rodríguez López define su novela, atribuyéndole la definición a un partido galáctico, como “un tratado escatológico”. Acerca del escrito en papeles embarrados de mierda que arqueólogos del futuro hallarían dentro de una botella plástica de aceite de cocina, advierte: “La novela cuenta una historia pasada en un tiempo presente o lo que sucede en un tiempo presente hallado en el futuro”.

La venganza castrista contra Cabrera Infante

Y continúa explicando que el hallazgo se produjo “en una ciudad sometida a la pobreza y al control absoluto”, donde “un hombre escribe la historia de su vida y de la ciudad, cercada por el mar y en que la pena capital se cumple con asepsia económica en los derrumbes”.

El mensaje del libro, pese a la fabulación, no deja de ser terriblemente comprensible para un cubano de estos tiempos, por muy inverosímil que pudiera parecerles a quienes leen el manuscrito más de mil años después.

Como a mis compatriotas de aquí y de ahora mismo, ya no me asombra cuando alguien cuenta cómo es vivir rodeados por la mierda y amenazados por los derrumbes; del hambre crónica, de comer la bazofia que podamos conseguir cuando aparezca; de “la excrementosa política de Los Grandes Pensadores”, “la palabrería de siempre que va matando el oído”; de “la imposición de pensamientos, de la fuerza de la verdad impuesta”; de sentirnos vigilados hasta cuando cagamos, de envidiar, como los leones del zoológico, el mundo exterior, el “afuera”, la libertad.

La Vigía, Hemingway y la finca del castrismo

No hay que ser muy sagaz para entender a quién alude el autor cuando se refiere a Caballo de Piedra o los represores que combaten a los que acusan de estar confabulados con el “enemigo imperial y ultramarino”, a quienes, por apedrearlos, “se les prometió recompensa de vasos de agua con azúcar y pan viejo en sus cuarteles que en un tiempo fueron hoteles cuya construcción vació las arcas y una vez cobijaron turistas a los que se les prohibía caminar la ciudad, y en la extraña deducción de que sus vacaciones eran periodos de cautiverio sin poder asomarse a las ventanas tapiadas con cristales traslúcidos, tomaron otros rumbos”.

El escritor hace por momentos un delicioso uso de la ironía y el humor negro, como cuando narra la historia del viejo profesor de marxismo-leninismo que hace el sacrificio de su lengua ante “la incomprensión de las nuevas generaciones inducidas a cambios ideológicos”.

La novela, triste, dura y dolorosa, como es la vida en la Cuba de la continuidad pos-fidelista, tiene un final abierto, “en el cementerio de la costa adonde nadie quiere llegar a no ser que no quede alternativa”, y donde “el escritor de la mierda y la frustración” enterrará a sus perros amados, Cipión y Berganza, y a María, la mujer gótica, con quien, “en el cementerio bajo la luna gris y el sol cojo que nunca sale del horizonte, hacíamos lo único en lo que fuimos libres, no lo formamos como la niebla apestosa ni las normas de la Heráldica o la preceptiva de Los Grandes Pensadores: nos amamos y ella escuchaba mis escritos”.

Todas las Habanas son Habanas perdidas

![perfil luis cino](/download/multimedia.normal.b5017db0a0baa402.U2NyZWVuc2hvdCAyMDI0LTA1LTA3IGF0IDEuNDUuNDlfbm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)

Calvert Casey: el escritor contra la homofobia de Estado

Heredia y Zenea: Poetas que no pudieron resistir el exilio

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
