La izquierda global, Cuba y el mito de la no intervención

Cuando un gobierno viola de manera sistemática y estructural los derechos ciudadanos y los derechos humanos universales, deja de poder escudarse en la soberanía como coartada moral. Esos abusos continuos, prolongados y sin mecanismos internos de corrección, justifican la intervención internacional para detenerlos 
10 de marzo de 2026 Juan José López-Díaz
La izquierda mundial, hoy reconfigurada alrededor de un reflejo casi automático anti-Trump, pretende frenar cualquier forma de intervención de Estados Unidos en Cuba. No se oponen realmente a la ayuda humanitaria. Tampoco levantarían la voz si Donald Trump decidiera prestar dinero al régimen cubano, aun cuando son perfectamente conscientes de que el sistema económico de la isla —improductivo, centralizado y colapsado— es estructuralmente incapaz de pagar jamás esas deudas.
Lo que realmente defienden no es al pueblo cubano, sino la supervivencia simbólica de un mito político. En pleno siglo XXI, la vieja doctrina Carranza de la “no intervención” hace agua por todos lados. Esa doctrina fue pensada para un mundo de Estados soberanos funcionales, no para Estados fallidos que se convierten, al mismo tiempo, en una amenaza directa a la estabilidad regional.
Captura de pantalla 2026-03-16 a la(s) 1.54.00 p.m.Cuba en tensión y Sheinbaum da marcha atrás con el petróleo

Cuba cumple hoy con ambas condiciones: es un Estado fallido y un factor desestabilizador. Sus éxodos masivos, peligrosos para sus propios ciudadanos, no son simples crisis humanitarias espontáneas. El régimen ha demostrado repetidamente que utiliza la migración como arma política, lanzando verdaderos “proyectiles humanos” hacia Estados Unidos: excarcelados, personas con graves problemas mentales y ciudadanos empujados al caos, como forma de presión y agresión indirecta contra la sociedad americana.
Cuando un gobierno viola de manera sistemática y estructural los derechos ciudadanos y los derechos humanos universales, deja de poder escudarse en la soberanía como coartada moral. Esos abusos continuos, prolongados y sin mecanismos internos de corrección, justifican la intervención internacional para detenerlos. 
Esta es una realidad que la izquierda mundial se niega a reconocer. Prefieren sostener, contra toda evidencia, el mito romántico de la revolución cubana a pocas millas de Estados Unidos. Se aferran a una narrativa que ya no explica la realidad, pero que sigue siendo útil como símbolo ideológico. Todavía no se adaptan a vivir sin esa fantasía, aun cuando el costo humano lo pagan millones de cubanos atrapados entre la represión, el hambre y el exilio forzado.
La izquierda global no está defendiendo a Cuba. Está defendiendo una ficción. Y toda ficción ideológica que necesita presos, hambre y exilio para sostenerse, no es una causa: es una estafa moral.