Trump declara la guerra que nunca quiso el régimen de Cuba

Trump, con esta decisión que ha puesto a temblar a la cúpula castrista y a sus gendarmes, no promete una transición en la isla, pero sí crea las condiciones reales para que el sistema colapse por su propio peso

CubaLibre29/01/2026Luis Leonel LeonLuis Leonel Leon
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La declaración de emergencia nacional firmada este jueves 29 de enero por Donald J. Trump frente a lo que define como una “amenaza inusual y extraordinaria” proveniente de la dictadura de Cuba no es un gesto retórico ni una excentricidad de campaña. Es, más bien, la constatación oficial de algo que el régimen castrista lleva décadas fabricando: un Estado fallido, enemigo directo de Estados Unidos, sostenido por alianzas hostiles y por la exportación sistemática de inestabilidad y actividades terroristas. 

Cuba ya no es solo una dictadura empobrecida que oprime a su población: es un nodo geopolítico activo al servicio de intereses contrarios a los valores y propósitos fundacionales de Estados Unidos y Occidente. La cooperación con Rusia, China e Irán —y la connivencia con redes terroristas y peligrosos criminales— ha convertido a la isla en una plataforma de penetración estratégica en el hemisferio occidental. Trump no inventa el viejo y mil veces denunciado problema: lo nombra e intenta solucionarlo. 

La orden ejecutiva introduce un elemento decisivo: el petróleo como arma política para poner fin al sufrimiento del pueblo cubano. Al imponer aranceles adicionales a los países que suministren crudo a La Habana, Washington ataca el único combustible real que mantiene con vida al régimen: la energía subsidiada por terceros. Sin petróleo no hay control social, no hay aparato represivo funcional, no hay relato de “resistencia heroica”. Hay apagón, silencio y grietas que pueden hacer caer las columnas corroidas del comunismo cybano. 

Este movimiento de Trump y su Secretario de Estado, Marco Rubio, el cubanoamericano de mayor rango en la historia de Estados Unidos, marca un cambio de fase desde hace frustradas décadas anledado. Ya no se trata solo de sancionar a Cuba por lo que es internamente, sino por lo que hace y a quién sirve. La dictadura cubana dejó de presentarse como un problema moral para ser presentado en lo que es: un serio problema de seguridad nacional. Esa es la línea que cruza la declaración de emergencia del presidente Trump.

Captura de pantalla 2026-01-08 a la(s) 5.35.00 p.m.Los barcos estadounidenses al norte de Cuba sugieren un cambio de foco

Al mismo tiempo, Dariel Fernández, recaudador de impuestos del condado de Miami-Dade, envió una carta al presidente Trump pidiendo una revisión federal exhaustiva del sistema de licencias de exportación relacionadas con el régimen cubano por "presuntos abusos, desviaciones de uso y posibles incumplimientos legales por parte de empresas que operan bajo autorizaciones federales", informó Diario Las Américas. "El deber de esta oficina es hacer cumplir la ley y proteger la seguridad y la confianza de los residentes de nuestra comunidad”, dijo Fernández y reiteró que su actuación responde a "motivaciones políticas", sino a "responsabilidades institucionales". 

La presión no ha sido visto como amenaza sino como el comienzo del fin. De ahí que embajadas en Cuba —especialmente europeas— están revisando y actualizando planes de contingencia y evacuación ante las acciones de Trump sobre la isla tras la operación Absolute Resolve que ordenó el 3 de enero y que terminó con la captura de Nicolás Maduro. Varias delegaciones actualizan listados de ciudadanos y llaman directamente a sus nacionales para verificar datos. La incertidumbre geopolítica y la posibilidad —aunque no confirmada— de una intervención estadounidense han elevado el nivel de alerta diplomática.

En el sector privado, la inquietud es similar: empresas internacionales replantean su permanencia en la isla por el deterioro económico, los apagones y la escasez crítica de combustibles. Algunas cuentan con reservas temporales, pero advierten que sin petróleo de Venezuela o México la producción sería inviable. El caso más visible es el de Unilever, que ya evacuó a las familias de su personal extranjero en medio de una escalada de tensión sin precedentes, que sitúan a Cuba en uno de los momentos más frágiles de su historia reciente. 

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Las razones de Trump son claras e innegables: "Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero, que intenta robar información sensible sobre la seguridad nacional de Estados Unidos. Cuba continúa desarrollando una profunda cooperación en inteligencia y defensa con la RPC. Cuba da la bienvenida a grupos terroristas transnacionales, como Hezbolá y Hamás, creando un entorno seguro para estos grupos malignos, de modo que puedan forjar vínculos económicos, culturales y de seguridad en toda la región e intentar desestabilizar el hemisferio occidental, incluyendo a Estados Unidos. Cuba ha brindado durante mucho tiempo asistencia en materia de defensa, inteligencia y seguridad a sus adversarios en el hemisferio occidental, intentando eludir las sanciones estadounidenses e internacionales diseñadas para reforzar la estabilidad de la región, defender el estado de derecho y salvaguardar la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. Cuba continúa intentando frustrar los esfuerzos de Estados Unidos para abordar las amenazas que representan para el país países hostiles, grupos terroristas transnacionales y actores malignos, incluso en el hemisferio occidental", dice la orden ejecutiva. 

También este jueves, congresistas republicanos de la Florida y de origen cubano le han solicitado a Trump un decreto presidencial que suspenda viajes y remesas, cierre de verdad el cerco financiero al régimen y aumente la presión internacional, incluida México, para forzar una transición democrática en la Isla. Vale mencionar que, de concretarse dichas presiones, la administración no debe perder de vista la imperiosa necesidad de proveer internet libre para los cubanos a través de una señal satelital potente que permita mantener vías de comunicación con el interior de la isla y un canal de información directo desde la Casa Blanca a las calles de Cuba. Esto es vital para el éxito de las presiones y de una no descartable operación militar. 

Trump le ha declarado la guerra que nunca quiso el régimen de Cuba. El presidente estadounidense, con esta decisión que ha puesto a temblar a la cúpula castrista y a sus gendarmes, no promete una transición en la isla, pero sí crea las condiciones reales para que el sistema colapse por su propio peso, sin dejar la puerta abierta para parasitar en el lomo de gobiernos cómplices, como hasta hoy ha hecho. La Casa Blanca reitera así su apoyo a las aspiraciones democráticas del pueblo y deja claro que no negociará con una dictadura que opera como satélite de potencias hostiles contra Estados Unidos mientras mantiene secuestrada a su nación. Aunque, vale acotar, nunca las transiciones exitosas del totalitarismo a la democracia se han podido concretar sin pactos con al menos una parte de los regímenes. 

Captura de pantalla 2026-01-08 a la(s) 5.35.00 p.m.Los barcos estadounidenses al norte de Cuba sugieren un cambio de foco

El régimen de La Habana, como siempre ha hecho, intentará vender la medida como “agresión imperial”, mientras intensifica la represión interna y exige sacrificios a una población exhausta. Pero el gastado discurso esta vez ha trascendido la demagogia. Cuando el Estado vive de apagar ciudades y racionar la oscuridad, la épica se evapora. Trump, bien asesorado por Rubio, ha entendido que el embargo económico siempre fue un grito incompleto y que la continuidad no se puede sostener con consignas, sino con diésel. Y Trump y Rubio le han declarado la guerra del petróleo a la criminal nomenklatura de La Habana. 

Lo que sigue no es un colapso inmediato ni tampoco una etapa indolora para Cuba. Ninguna quimioterapia es simple ni una fiesta, pero sin su dolor es imposible destruir el cáncer. Esperemos que, de ser necesaria una intervención militar de Estados Unidos en Cuba, no le tiemble el pulso a Trump para impedir que el castrismo masacre a los cubanos si se lanzan a hacerlo, tal como sucedió el 11 de julio de 2021, durante un legítimo levantamiento popular. Los buques de guerra cerca de las costas cubanas son piezas fundamentales, así como la Base Naval de Guantánamo.

Algo ha cambiado, por primera vez, en la historia de los Estados Unidos y sus relaciones con la isla cárcel. Y algo grande puede finalmente ocurrir si la meta no se desenfoca y la persistencia no claudica. La administración Trump sabe que la presión real es la única estrategia para —si se sostiene— darle la estocada final al neocastrismo. Cuando una dictadura depende del petróleo ajeno para sobrevivir y ese grifo empieza a cerrarse, la pregunta deja de ser si caerá y pasa a ser cuándo y cómo. De sostenerse el plan, la dictadura cubana entra, oficialmente, en tiempo de descuento. Dios le dé la fuerza y la visión necesarias a los cubanos. 

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BIO LLL

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