En Cuba o fuera de ella, no conseguimos librarnos del influjo de Fidel Castro. Fungimos de víctimas o victimarios, de adversarios o cómplices, de delatores y delatados...
El ataque al cuartel Moncada, junto al desembarco —o más bien el naufragio— del yate Granma y la consiguiente desbandada de los expedicionarios sobrevivientes: no por fallidos han dejado de ser los pasajes más ensalzados de la mitología castrista, tan dada a la muerte, el drama y los fracasos.