Antes de que caiga la dictadura: basta de hipocresía con Cuba

18 de marzo de 2026 Juan José López-Díaz
“Mientras Cuba se hunde en hambre, apagones y hospitales sin recursos, el debate entre algunos cubanos parece otro: cómo usar la tragedia del país para sus propias batallas políticas”. 
El hambre, la desnutrición, la falta de medicamentos y el deterioro de los servicios básicos han convertido la vida diaria en una lucha constante por sobrevivir. Hoy muchos cubanos sienten que entrar a un hospital puede ser más una amenaza que una garantía de vida.
La escasez de recursos, la falta de higiene en las ciudades, el colapso del sistema de agua y electricidad y el deterioro general del país reflejan el resultado de décadas de un modelo que ha fracasado. Sin embargo, frente a esta realidad surge una pregunta que rara vez se plantea con la seriedad necesaria: ¿Qué debemos hacer antes de que caiga la dictadura? 
La historia demuestra que el derrumbe de un régimen no garantiza automáticamente la reconstrucción de un país. Si el colapso llega sin preparación, sin acuerdos mínimos y sin visión de futuro, el vacío puede traer aún más sufrimiento. Por eso el debate no debería centrarse solo en cuándo caerá el sistema, sino en cómo evitar que el país caiga en el caos cuando eso ocurra.
En medio de esta discusión aparece otro fenómeno preocupante. Algunas figuras del exilio que en el pasado apoyaron las políticas de acercamiento impulsadas por el presidente Barack Obama hoy denuncian supuestas negociaciones secretas entre Washington y La Habana, señalando al senador Marco Rubio como parte de un hipotético arreglo destinado a permitir la supervivencia del régimen.
Captura de pantalla 2026-02-04 a la(s) 9.50.53 p.m.La necesidad imperiosa de EEUU de derrocar el régimen comunista de Cuba
Hay que precisar que quien realmente juega con los dictadores cubanos es Marco Rubio, no ellos con él. Además cualquier acción de Estados Unidos, si se realiza, sería humanitaria más que bélica, pensada para proteger a la población y aliviar el deterioro del país, no para generar conflicto. En eso debemos pensar y decidir.
El exilio puede participar, pero solo si sus decisiones hoy son coherentes y responsables, evitando usar la tragedia cubana como herramienta política. Es momento de acción concreta, sensata y sin intereses personales. Más allá de simpatías o diferencias políticas, conviene recordar algo esencial: la coherencia es indispensable cuando se habla del destino de una nación.
No se puede, por un lado, haber defendido durante años una política de acercamiento con el régimen y, por otro, acusar ahora sin pruebas a quienes sostienen una postura más firme. Tampoco es aceptable convertir el drama del pueblo cubano en instrumento de luchas partidistas dentro de Estados Unidos.
Captura de pantalla 2026-03-16 a la(s) 1.54.00 p.m.Cuba en tensión y Sheinbaum da marcha atrás con el petróleo
El debate político es natural en una democracia. Es legítimo apoyar al Partido Demócrata o al Partido Republicano. Pero utilizar el sufrimiento de Cuba como argumento de campaña o como arma en disputas electorales resulta, sencillamente, una inmoralidad. Ante la gravedad de la crisis actual, las posiciones deberían ser claras.
Si se considera que la situación humanitaria de Cuba ha llegado a un punto insostenible, entonces debe decirse abiertamente qué tipo de acción internacional podría evitar una catástrofe mayor. Y si se rechaza cualquier forma de intervención externa, también debe explicarse con honestidad cuál sería el camino realista para impedir que el país se hunda aún más. Lo que no es aceptable es alimentar teorías, rumores o campañas destinadas únicamente a dividir a los cubanos.
La prioridad debería ser otra: pensar en la reconstrucción nacional. Preparar ideas, propuestas y consensos para el día en que Cuba vuelva a ser una nación libre. Porque ese día llegará. La historia lo demuestra: ningún sistema basado en la represión, la pobreza y el control absoluto puede sostenerse indefinidamente.
Pero cuando llegue ese momento, los cubanos necesitarán algo más que la caída de un régimen.
Necesitarán visión, responsabilidad y unidad para reconstruir el país. Y esa tarea comienza antes de que caiga la dictadura.