El corte en la ceja de Luis Manuel Otero Alcántara

El sábado 18 de julio de 2026 llegó a Miami el artista y activista político Luis Manuel Otero Alcántara, luego de cumplir una condena de cinco años de prisión en las cárceles cubanas. Los delitos de los que se le acusó fueron ultraje a los símbolos de la patria, desacato y desórdenes públicos. En realidad, su detención fue motivada por su activismo político contra la dictadura cubana.
Durante todo este tiempo, el exilio cubano se volcó en conseguir su liberación. Eran recurrentes las noticias sobre su estado de salud física y mental y sobre las difíciles condiciones de su encarcelamiento. Incluso se habló de huelgas de hambre por parte del propio Luis Manuel para denunciar su injusta prisión. Pero no era posible obtener noticias fiables, dado el hermetismo que el régimen cubano establece en estos casos.
Finalmente, luego de cumplir su condena, pudo viajar a Estados Unidos gracias a la aprobación de un permiso de permanencia temporal por razones humanitarias, conocido legalmente como parole humanitario y concedido bajo el amparo del Gobierno estadounidense.
Desde su llegada al aeropuerto de Miami se vio envuelto en la polémica. A pesar de la alegría por su liberación, no fueron pocos los que se sorprendieron por su aspecto físico: repuesto, saludable, de buen semblante y quizás con un par de kilogramos de más. Tampoco pasó inadvertido que lucía en la muñeca un reloj aparentemente costoso.
Las principales objeciones apuntaban a que no tenía el aspecto, la actitud ni los complementos que se esperan de un preso político, especialmente por las noticias que llegaban sobre su encierro. Algunos de sus primeros comentarios no disiparon estas reservas iniciales. Tampoco fueron de mucha ayuda quienes salieron en tromba a defenderlo.
Un par de días después tuvimos la noticia de que el periodista cubano Mario J. Pentón había conseguido una exclusiva con Luis Manuel, la primera hasta entonces. Así, durante casi una hora, podríamos escuchar al artista y activista cubano explayarse en libertad para contar su historia. También sería una oportunidad para despejar cualquier duda y atenuar las suspicacias que hasta entonces había provocado en algunos. Principalmente, podríamos escuchar sus ideas, sus proyectos y su visión del momento histórico que se vive en Cuba.
Luis Manuel cuenta en la entrevista que, al salir de prisión, fue llevado a una casa de la Seguridad del Estado ubicada en Guanabo, popular pueblo costero y zona de playa situado a unos 27 kilómetros al este de La Habana. Allí dispuso de piscina privada, buena alimentación y cierto confort. También pudo recibir visitas de su hijo, de familiares y de una amiga. Era un entorno que el artista bautizó como «jaula de oro» porque, a pesar de las comodidades, seguía estando preso.
El entrevistador le alerta de que todos esos beneficios que le otorgó el régimen se usarán en su contra y contra la causa por la libertad de Cuba, y de que su estancia en ese lugar está grabada. A esto Luis Manuel respondió, con cierta frivolidad, que a él le gustan «las cámaras y las lentejuelas».
«¿Qué más podremos ver en esas cámaras?», pregunta el periodista. «Me verán bebiendo ron, cerveza y whisky chino». También se verán abrazos, muchos abrazos, a sus captores. Con ello deja patente que no es consciente de la gravedad de los hechos ni de las consecuencias políticas que tendrán. Agrega el artista que solo quería que su despedida de Cuba fuera menos traumática para su cuerpo y su mente.
También supimos que durante el tiempo en prisión llegó a realizar unas 4000 pinturas, las cuales las autoridades le permitieron llevar consigo al exilio. El artista desafió a sus carceleros y les dijo que, si le quitaban la pintura, se moría, y que ellos no lo querían muerto, según nos cuenta. Sin lugar a dudas, esto representa una notable evolución en el presidio político en Cuba, desde los presos plantados que cumplieron 20 y 30 años en ropa interior, en actitud de rebeldía, y sufrieron las torturas más horribles que puedan imaginarse, hasta los retiros pictóricos actuales. En su testimonio no mencionó ni una sola tortura, ni un interrogatorio, ni un maltrato. En cambio, pintaba… creaba en la prisión.
Al final de la conversación, luego de un largo y, por momentos, grotesco rodeo, entreverado de incoherencias, divagaciones y evasivas, resulta penoso, cuando no imposible, hilvanar dos líneas claras que permitan entrever el pensamiento cívico y político de Luis Manuel Otero Alcántara. Mario J. Pentón le ofrece al artista la oportunidad de enviar un último mensaje a los cubanos que van a ver la entrevista, quizás con la esperanza de que, en el último momento, Luis Manuel junte la cabeza con el cuerpo y consiga enmendar tanto despropósito.
Era una oportunidad para ejercer su liderazgo mediante unas palabras de ánimo y esperanza dirigidas al pueblo cubano, de fuerza y aliento en la lucha contra la tiranía. Pero el artista prefirió ser fiel a su estilo y dijo, cito literalmente: «La Cuba que queremos es que todo el mundo esté bonito y tome refresco de mango y jugo de maracuyá».
¿En serio, Luis Manuel, este es tu mensaje a los cubanos? ¿Por y para esto cumpliste cinco años de cárcel?
Decepcionante.
El artista perdió un momento de oro, como el que tuvo en la casa de la Seguridad del Estado en Guanabo, y tanto entonces como ahora lo desperdició para frivolizar, cuando no para burlarse de toda Cuba con una ocurrencia ridícula y beber whisky chino, cuando lo que debería haber hecho era demostrar dignidad y patriotismo.
Si un personaje como Luis Manuel forma parte del liderazgo que liberará a Cuba, estamos perdidos. Pobre Cuba, si estos son sus salvadores.
No sé si tal cantidad de negligencias es propia de la palmaria falta de inteligencia de la que presume y que creo que posee Luis Manuel, de que no cuente con un mínimo de astucia o de que sea parte de un plan maestro de degradación de la oposición cubana, pero, en todas sus variantes, resulta escandalosa tanta frivolidad.
Desde el principio hasta el final, Luis Manuel Otero Alcántara fue incapaz de entender la relación natural que existe entre una pregunta y una respuesta, a pesar de que el entrevistador intentó centrarlo reiteradamente. No sé si esto es propio de su incapacidad sistémica o el resultado de un buen entrenamiento. En cualquier caso, demostró ser un experto en escurrir el bulto.
No hay nada aprovechable en sus palabras ni en su persona. No tiene ideas ni pensamiento alguno. No tiene nada que ofrecer. Es un personaje de feria ambulante que han convertido en una especie de líder de la nada. Mucho me temo que el artista Luis Manuel Otero Alcántara no es más que otro payaso en el circo de la oposición cubana. El Hombre Nuevo en todo su esplendor.
Muchos cubanos del exilio han salido a defenderlo. Entre los argumentos más socorridos está el de quienes dicen que criticarlo es hacerle el «juego a la dictadura», lo cual me recuerda aquel otro de «no dar armas al enemigo», que le sirvió al régimen para amordazar al pueblo cubano y fue el pretexto para 67 años de represión.
Si para mantener la tan anhelada unidad entre los cubanos el requisito es mirar hacia otro lado ante los delirios, las burlas y las mentiras del primer cantamañanas que aparezca vendiéndose como líder opositor, conmigo no cuenten.
Lo peor de todo esto no son los Luis Manuel. Lo peor son quienes cierran los ojos, lo defienden y no ven lo evidente. Y, para ser justos, los Luis Manuel y sus defensores no son más que productos de un sistema educativo y propagandístico creado por una dictadura criminal para robarles el alma y la mente a los cubanos, dejándolos convertidos en seres averiados, sin capacidad para ver ni escuchar. No solo nos prohibieron pensar, sino que nos enseñaron a no pensar.
Este es un fenómeno que va más allá de Luis Manuel Otero Alcántara. Lamentablemente, atraviesa a toda la oposición cubana. Luis Manuel es uno más dentro de este exasperante abanico de falsos opositores, a sueldo o de gratis. Los primeros están sujetos a los beneficios y los segundos, a su ignorancia.
Los cubanos son expertos en adorar mesías de papel maché, siempre dispuestos a comprar mercancía defectuosa o a taparse la nariz para evitar el hedor y comerse una fruta podrida.
Sus defensores también se quejan de que es absurdo o intrascendente hablar de su peso corporal, y entonces recordé aquella anécdota en la que Hubert Matos, recién salido de Cuba después de cumplir 20 años de prisión, se levantó una noche para ir al baño, ya en Costa Rica, y comenzó a dar voces porque creía que un intruso se había colado en la casa donde se alojaba. Al despertar a todos con sus gritos, pudo comprobar que se trataba de su propia imagen reflejada en un espejo. Veinte años de un encierro cruel y despiadado lo habían dejado tan delgado y deteriorado que no se reconoció a sí mismo. Luis Manuel, no. Como él mismo dice, está fashion, está bonito.
Otro de los reproches que se le hacen a Luis Manuel es el reloj, que unos consideran un artículo costoso y otros creen que se trata de una copia de poco valor. En ambos casos, el significado es el mismo: presumir de tener dinero. Supongo que la lógica es que presumir de tener un reloj caro cuando se trata de una copia siempre resulta más barato. Y no sé si es prudente, por no decir decente, que un preso político llegue al exilio exhibiendo esas veleidades.
Recientemente, Luis Manuel ha salido a dar explicaciones sobre las críticas que ha recibido y, si alguien pensaba que ya no era posible ofrecer un espectáculo más lamentable, se equivocaba. Apareció justificando lo injustificable junto a su fiel escudera, Anamely Ramos, otro personaje tan lamentable como él. Y no desperdició la oportunidad para dejar aún más patentes su vulgaridad y su chabacanería, rasgos que muchos cubanos confunden equivocadamente con la identidad nacional. El desprestigio como el arte de hacer política. La chusmería como lenguaje de la tribu.
Recuerdo los textos de los diarios personales de los patriotas cubanos del siglo XIX, en los que narraban sus experiencias en la lucha, y, al compararlos con los testimonios de estos opositores cubanos actuales, se me saltan las lágrimas.
Para terminar, hay un detalle que ha pasado inadvertido y que conviene mencionar porque creo que es muy revelador. Ese detalle es la raya o el corte en la ceja con el que Luis Manuel aterrizó en el exilio. En el mundo de la moda se conoce como eyebrow slit y nació en la cultura hip hop de las décadas de 1980 y 1990. Imita una cicatriz real, ganada en una pelea de verdad, y da a quien la usa un aspecto de hombre rudo y rebelde. Hoy es puramente estética.









