Durante años, el General y el reguetón fueron la encarnación de la música que me resultaba insoportable. Pero eso fue hasta que llegó el llamado reparto
Contradiciendo su política cultural que dice batallar contra la banalidad y la vulgaridad para elevar el nivel cultural de los cubanos, ahora acepta y le da reconocimientos al súmmum de lo vulgar. Pero es que los mandamases quieren sacar provecho del reparto. Económico, porque evidentemente nunca conseguirán que el reparto sea “un arma de la revolución”
El sucesor de Raúl Castro dijo que que debido al gran impacto que tiene el reguetón en “segmentos cada vez más amplios del país”, el régimen no puede mantenerse al margen, sino que debe influir en sus creaciones y sumarlos a “la política cultural de la Revolución”
¿Pretenderá Díaz-Canel que el reguetón sea el equivalente para estos tiempos del movimiento de la Nueva Trova? ¿Aspirará, siempre tan iluso y optimista, a que, imbuidos de resistencia creativa, El Micha y Jorge Jr. sean los nuevos Silvio, Sara González y Vicente Feliú?