
Filosofar desde un espacio reducido: las contradicciones hermenéuticas del pensamiento filosófico cubano
Julio Lorente«Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir, claras y distintas»
Baruch Spinoza

Hablar de un pensamiento filosófico cubano es acudir a una sistematicidad que no existe. En principio, esto no habla de un defecto sino más bien de una carencia; un vacío fundacional. Para una manera de pensar y hacer filosofía, o varias, puedan plantear una direccionalidad real de su objeto epistemológico y su develamiento ontológico debe existir, al menos, una o varias tradiciones, sino se construye desde el fragmento, desde la improvisación hermenéutica y, en última instancia, desde la prefiguración que apunta más a la construcción poética que a la prístina aletheia.
Cabe recordar como en la Grecia clásica los demagogos y los sofistas, producto de la entrada de las masas en la discusión social en el siglo V a.C., son el resultante discursivo que contrae la política y la filosofía, o mejor dicho, las simplifican al discurso, pero no sustituyendo su función sino operando como relato adyacente a la misma.
Esto no fuera un problema estructural, como de Grecia en adelante, si en Cuba existiera un proceso de conformación metafísica y ontológica donde la cultura, que no hay que olvidar es un mito, se estructura por un pensamiento riguroso en su objeto hermenéutico: como la controversia entre Platón y Aristóteles. La noesis platónica o la inmanencia noética aristotélica que rompe con la unidad simbólica establecen el marco analítico sobre el que se forja la tradición filosófica occidental con todas su contradicciones implícitas.
Pero, ¿qué hay en la tradición de las ideas en Cuba para establecer una tradición filosófica congruente? Ciertamente, poco. Y esto no debería sonrojar a nadie, pues para establecer un pensamiento que aspire a comprender lo real debe existir, ante todo, una voluntad cognoscitiva consistente y no un funcionalismo ideológico prevaleciente en su lugar.
La totalidad atributiva encubre la falta de una sistematización filosófica en Cuba. Ante esto se responde con un criterio hermenéutico general que se construye por aceptación o negación de un modelo centralista que opera como irradiación de prestigio gnoseológico donde faltan contenidos ontológicos, y es en este giro donde se conforma el vacío fundacional como una concatenación causal/circular de un conjunto de contenidos culturales subjetuales, sociales y materiales que da lugar a la repetición histórica por predeterminación ideológica. Por eso esta concatenación causal, en el caso cubano, no puede adquirir el equilibrio morfodinámico que dinamice el conjunto a escala operatoria como auténticas culturas morfodinámicas, tales como las cuatro primeras dinastías del Egipto faraónico o la cultura griega clásica y su <<cultura de la polis>>, pues no puede establecer una tradición estable y una reflexión filosófica que integre la expresión política con orden y estructura, sino que la política en su acepción moderna finalmente -construcción institucional/social dentro del Estado- consume las posibilidades hermenéuticas y la reflexión filosófica, mejor dicho, la subyuga a un orden falso de <<legalidades inmanentes>> establecidas desde lo ideológico, prioritariamente en su superficialidad enunciativa. Y de aquí solo resulta unilateralidad epistemológica, vacío ontológico, contradicción hermenéutica y, finalmente, linealidad histórica con carácter totalitario.

1- Ver la <<La invención de la tradición>>, Eric Hobsbawm y Terrence Ranger, Editorial Critica, 2012.


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