Filosofar desde un espacio reducido: las contradicciones hermenéuticas del pensamiento filosófico cubano

Pero, ¿qué hay en la tradición de las ideas en Cuba para establecer una tradición filosófica congruente? Ciertamente, poco. Y esto no debería sonrojar a nadie, pues para establecer un pensamiento que aspire a comprender lo real debe existir, ante todo, una voluntad cognoscitiva consistente... 
BOGACIONES06 de mayo de 2026Julio LorenteJulio Lorente

«Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir, claras y distintas»

Baruch Spinoza

 

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"La creación del exilio" (óleo/lienzo), Julio Lorente, 2023

Hablar de un pensamiento filosófico cubano es acudir a una sistematicidad que no existe. En principio, esto no habla de un defecto sino más bien de una carencia; un vacío fundacional. Para una manera de pensar y hacer filosofía, o varias, puedan plantear una direccionalidad real de su objeto epistemológico y su develamiento ontológico debe existir, al menos, una o varias tradiciones, sino se construye desde el fragmento, desde la improvisación hermenéutica y, en última instancia,  desde la prefiguración que apunta más a la construcción poética que a la prístina aletheia.  

Cabe recordar como en la Grecia clásica los demagogos y los sofistas, producto de la entrada de las masas en la discusión social en el siglo V a.C., son el resultante discursivo que contrae la política y la filosofía, o mejor dicho, las simplifican al discurso, pero no sustituyendo su función sino operando como relato adyacente a la misma.

Esto no fuera un problema estructural, como de Grecia en adelante, si en Cuba existiera un proceso de conformación metafísica y ontológica donde la cultura, que no hay que olvidar es un mito, se estructura por un pensamiento riguroso en su objeto hermenéutico: como la controversia entre Platón y Aristóteles. La noesis platónica o la inmanencia noética aristotélica que rompe con la unidad simbólica establecen el marco analítico sobre el que se forja la tradición filosófica occidental con todas su contradicciones implícitas.

IMG_9853Del pacto social entre cubanos (e intelectuales) como abstracción inoperante


Pero, ¿qué hay en la tradición de las ideas en Cuba para establecer una tradición filosófica congruente? Ciertamente, poco. Y esto no debería sonrojar a nadie, pues para establecer un pensamiento que aspire a comprender lo real debe existir, ante todo, una voluntad cognoscitiva consistente y no un funcionalismo ideológico prevaleciente en su lugar.

De aquí se deriva la necesidad de suplir, por inconsistencias de origen, la cultura como una constitución ontológica vertebradora y dadora de forma, pero aquí hay una inflexión que no responde a la ontología -esto es un error gnoseológico- sino a una traslación de la concepción subjetiva, etológica y psicológica de la cultura, devenida retrospectivamente de la paideia griega, en una idea de cultura objetivada y sustancial, no accidental en términos aristotélicos, sino como una idea metafísica; una hipostasis; una <<cultura morfodinámica>>.  
 
Aquí subyacen los errores conceptuales-hermenéuticos que llegan a Cuba vía modernidad y toma forma teleológica activada desde lo ideológico y constituida desde lo político, todo esto sobre la ausencia de una tradición sostenida, o peor aún,  desde una tradición inventada1 como  pensamiento ideológico estructurante. En Cuba se piensa, sobre todas las cosas, desde la ideología, por eso prevalece el maniqueísmo como emplazamiento hermenéutico.
La idea metafísica de la cultura, en tanto concepción <<holística>>, se comporta como una totalidad global sistematizada mediante una  proyección objetivada de la cultura.   Y como metafísica moderna tiene un origen en la filosofía alemana, específicamente en Herder, Hegel y hasta Spengler.  Apretada síntesis, sí, pero nos permite identificar el patrón que constituye esas contradicciones hermenéuticas que advertíamos en el titulo respecto a Cuba por influencia. Es decir,  la cultura como axiología que inhibe el pensamiento filosófico tornándolo en sujeto operatorio para establecerse   como  estrategia de una constante reivindicación. Esto es un síntoma grave de una falencia epistemológica que precisa construir ontologías enunciativas como totalidades atributivas, y esto redunda en la centralidad de un pensamiento que se fija como meta o disputa de legitimación histórica y realización nacional. Esto es lo que pasa con la apropiación de  Martí como tótem histórico, por ejemplo.

La totalidad atributiva encubre la falta de una sistematización filosófica en Cuba. Ante esto se responde con un criterio hermenéutico general que se construye por aceptación o negación de un modelo centralista que opera como irradiación de prestigio gnoseológico donde faltan contenidos ontológicos, y es en este giro donde se conforma el vacío fundacional como una concatenación causal/circular de un conjunto de contenidos culturales subjetuales, sociales y materiales que da lugar a la repetición histórica por predeterminación ideológica. Por eso esta concatenación causal, en el caso cubano,  no puede adquirir el equilibrio morfodinámico que dinamice el conjunto a escala operatoria como auténticas culturas morfodinámicas, tales como las cuatro primeras dinastías del Egipto faraónico o la cultura griega clásica y su <<cultura de la polis>>, pues no puede establecer una tradición estable y una reflexión filosófica que integre la expresión política con orden y estructura, sino que la política en su acepción moderna finalmente -construcción institucional/social dentro del Estado- consume las posibilidades hermenéuticas y la reflexión filosófica, mejor dicho, la subyuga a un orden falso de <<legalidades inmanentes>> establecidas desde lo ideológico, prioritariamente en su superficialidad enunciativa. Y de aquí solo resulta unilateralidad epistemológica, vacío ontológico, contradicción hermenéutica y, finalmente, linealidad histórica con carácter totalitario.
Captura de pantalla 2026-03-30 a la(s) 9.03.52 p.m.La revolución como espectáculo: turistas ideológicos y élites del privilegio

El célebre ensayo-conferencia de Jorge Mañach  <<La crisis de la alta cultura en Cuba>> expresa esta contradicción hermenéutica del pensamiento filosófico cubano por su referencialidad y protagonismo en la articulación conceptual republicana, en la que estamos detenidos aún.  Esta idea teleológica de la <<crisis cultural>>, proveniente sin dudas de la teleología de la cultura alemana, no expresa una crisis de la cultura como proceso específico sino la idea de cultura, es cuando se establecen delimitaciones totalizadoras que hacen prevalecer hegemónicamente algún contenido especial y particular sobre todos los demás contenidos particulares restantes y, a su vez, un ajuste y reorganización de los mismos. Es lo que sucede en Mañach con el conservadurismo católico civilizatorio proyectado como teleología de autorrealización sobre un inflexión especifica de una construcción cultural,  por lo que entra en crisis no es la cultura, repetimos, sino la idea de cultura sostenida bajo una inspiración teleológica.
Los emplazamientos totalizantes bajo una direccionalidad histórica construida desde una política de proyección metafísica en tanto ideología prevaleciente, como sucedió con la conformación de la Cuba republicana derivada de una identidad cultural -hispanidad- asumida con rubor por la precipitación nacionalista, terminó estableciendo una discusión perimetral sustentada no por la discusión filosófica, sino por entelequias ideológicas atadas a una definición de cultura como construcción polémica o invento editorial, más que como realidad consumada. 
 
El pensamiento filosófico en Cuba no tiene capacidad operativa y reflexiva porque no ha tenido una estructura hermenéutica congruente que pueda permitir la necesaria diferenciación de sus contenidos, por lo que ideología y política sustantivadas en el poder institucional conformativo -en la misma distinción que de este hace Bertrand de Jouvenel- indetermina ontológicamente la emergencia de un pensamiento que pueda integrar, sin sensación de crisis y colapso continuo, sus contradicciones. Cuando dejemos de lado este dualismo metafisico, que en algún momento Manuel Sanguily llamó <<politico y moral>>, desaparecerá la exigencia apriorística de excluir la consideración de elementos políticos, ideológicos  y culturales finalmente. Solo así, quizás, pueda emerger un pensamiento filosófico en Cuba que no presuma instalar contingencias pretéritas como futuros predeterminados, pues eso es ideología, no filosofía.
 
¿Acaso no es más fuerte un pensamiento finito que determina sus propios límites en cada caso operativo que un pensamiento que asume una peligrosa generalidad como dogma?
 
julio lorente

1- Ver la <<La invención de la tradición>>, Eric Hobsbawm y Terrence Ranger, Editorial Critica, 2012.  

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