Mientras EEUU duerme, el islamismo lo destruye desde dentro

La Carta fundacional de Hamás de 1988 fue todavía más explícita: proclamó la futura destrucción de Israel e incorporó un hadiz que anuncia que el Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan y maten a los judíos 
TUDAYUSA12 de septiembre de 2026Luis Leonel LeonLuis Leonel Leon
Captura de pantalla 2026-09-14 a la(s) 9.06.56 p.m.

¿Cómo olvidar la mañana del 11 de septiembre de 2001? Me encontraba en la Casa del Creador del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Allí redactaba los guiones de mis programas, consultaba Internet, investigaba y podía ver en vivo algunos canales de televisión extranjeros. Aquel salón con cuatro o cinco computadoras, en medio de las penurias y la censura, era una especie de oasis que pocos conocían. A mi lado, Marcelo Fajardo-Cárdenas, hoy profesor en la University of Mary Washington, escribía sobre Dulce María Loynaz. El silencio habitual se destrozó cuando en CNN en español vimos el segundo avión estrellarse contra la Torre Sur. De inmediato comprendimos que el horror acababa de herir profundamente la sensibilidad humana y que, como después se repetiría, el mundo acababa de cambiar. Cambió sobre todo aquella visión inocente, no exenta de indolencia, que confundía ser una sociedad abierta y solidaria con abrirle la puerta a todo el mundo, y la confianza con la subestimación de la amenaza y el peligro. 

También presenciamos una expresión que jamás podré separar de las imágenes del ataque. Un funcionario de la televisión y otro compatriota, convertido por el adoctrinamiento en tonto útil, celebraban la matanza. Sonreían con una mezcla incomprensible de resentimiento y estupidez. El funcionario repetía que Estados Unidos lo merecía por sus intervenciones militares y por el llamado bloqueo contra Cuba. El otro asentía y argüía una sarta de sandeces que durante años se había creído. Yo discutía con ellos e intentaba hacerlos reflexionar. Les explicaba que se trataba de un acto terrorista y que nadie podía tolerarlo, mucho menos celebrarlo, a menos que se identificara con los terroristas. Antes de que la discusión pasara a mayores, mi amigo y compadre Marcelo se levantó y con una voz tan baja como profunda les dijo algo así: “Señores, miren el televisor un minuto sin discutir y respóndanse en silencio si esto no es una monstruosidad”. Así puso fin a la disputa. No sé si también a aquellas ideas macabras. Ojalá.

¿Cómo era posible? Sobre las Torres Gemelas no fueron lanzados discursos, protestas ni abstracciones. Fueron asesinados miles de seres humanos. Otros cientos, empujados por el calor extremo, el humo y el miedo a morir incinerados o aplastados, se lanzaron al vacío con la esperanza imposible de salvarse. Algunos cubanos podemos asociar aquella caída con la de miles de compatriotas que, intentando escapar de la desgracia provocada por la dictadura, se lanzaron al mar y quedaron sepultados en el estrecho de la Florida. El hundimiento del Remolcador 13 de Marzo y los naufragios de tantos balseros en alta mar no fueron accidentes ni simples fallas del sistema, sino consecuencias del largo crimen histórico que constituye el comunismo cubano. El 9/11 fue un asesinato concebido por el islamismo, otra ideología totalitaria que se propuso golpear el corazón de una sociedad cuya libertad y forma de vida desprecia.

Después comprendí que la propaganda había sustituido la conciencia no sólo en la Cuba socialista. Aquella alegría no fue exclusiva de La Habana: en Nablus, Gaza, Jerusalén Este y campamentos palestinos en Líbano se registraron celebraciones tras los atentados, con reparto de dulces, bocinas y disparos al aire. Las víctimas habían dejado de ser personas para convertirse en símbolos del falso enemigo en que los verdaderos enemigos de la libertad habían convertido a Estados Unidos. El sonambulismo político consiste precisamente en contemplar una evidencia insoportable y buscar una explicación que permita restarle gravedad, en lugar de comprenderla y defendernos del peligro que anuncia. Salvar a Estados Unidos depende hoy, en gran medida, de salvarnos del socialismo y del islamismo, cuya alianza puede llegar a ser tan letal como lo fue la del nazismo alemán con el fascismo italiano. Hoy vemos ese matrimonio pasearse por el Congreso. 

El crimen y sus intérpretes

Aunque algunos quisieran borrarlo, no olvidemos lo ocurrido. El vuelo 11 de American Airlines golpeó la Torre Norte a las 8:46. Diecisiete minutos después, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur. El vuelo 77 de American Airlines impactó el Pentágono a las 9:37. Los pasajeros y tripulantes del vuelo 93 se rebelaron contra los secuestradores y el avión cayó cerca de Shanksville, Pensilvania, antes de alcanzar su objetivo en Washington. A las 10:28 ya se habían desplomado las dos torres. Murieron 2.977 personas, sin contar a los terroristas. Había oficinistas, bomberos, policías, militares, pasajeros y ciudadanos de más de noventa países. Al Qaeda preparó la conspiración fuera de Estados Unidos y la ejecutó dentro del país mediante cuatro vuelos comerciales estadounidenses. El 9/11 no fue una vaga tragedia causada por la intolerancia humana. Fue el mayor atentado terrorista perpetrado en territorio estadounidense y tuvo autores, método e ideología: el islamismo.

WhatsApp Image 2026-07-28 at 16.05.38 (3)Cuba, la isla que espía a Estados Unidos

La Comisión del 9/11 documentó la operación concebida por Osama bin Laden y ejecutada por islamistas. El islamismo utiliza una interpretación del islam para organizar la sociedad, dictar las leyes y controlar el gobierno. No busca únicamente orientar la vida religiosa o espiritual del creyente. Convierte la religión en instrumento de poder, disciplina colectiva y control de masas. El comunismo, y el socialismo entendido aquí como su etapa previa, deposita ese poder en sus dirigentes políticos. Ambos sistemas castigan a sus disidentes y justifican su asesinato, catalogados como infieles o traidores. Ambos son totalitarios, criminales e incompatibles con la cultura occidental.

Islamismo sin adjetivos

Por ello, no debemos hablar de “islamismo radical”. El adjetivo crea una distinción falsa entre los islamistas que recurren al terrorismo y un supuesto islamismo moderado, respetuoso de la libertad y compatible con la democracia, aunque sólo la utilice para enquistarse en el poder. Los métodos pueden variar: desde las elecciones, la propaganda y la presión cultural hasta la censura, la represión sangrienta y las operaciones terroristas. El propósito permanece intacto: someter al individuo, la sociedad y las instituciones del Estado a una autoridad político-religiosa. Cuando ese proyecto recurre a la lucha armada y al terrorismo recibe un nombre más preciso: yihadismo. Pero no caigamos en la estafa semántica. No existe un islamismo moderado.

El próximo 7 de octubre se cumplirán tres años de la invasión terrorista encabezada por Hamás desde Gaza. Sus combatientes, acompañados por integrantes de otros grupos palestinos, penetraron en Israel, asesinaron a unas 1.200 personas y tomaron 251 rehenes. Hamás invocó Al-Aqsa, la situación palestina y la liberación de presos, pero la operación también buscó quebrar a Israel, frustrar su acercamiento con Arabia Saudita y devolver la yihad al centro del conflicto. La violencia sexual, el secuestro y la matanza deliberada de civiles de todas las edades mostraron hasta dónde puede llegar la expresión armada del islamismo cuando persigue uno de sus objetivos esenciales: impedir que Israel, la única democracia de la región, sea reconocido y aceptado como Estado legítimo.

La Carta fundacional de Hamás de 1988 fue todavía más explícita: proclamó la futura destrucción de Israel e incorporó un hadiz que anuncia que el Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan y maten a los judíos. Esa lógica de sometimiento ha alcanzado expresiones todavía más brutales en el yihadismo. Cuando el Estado Islámico conquistó Mosul en 2014, dio a los cristianos un ultimátum: convertirse al islam, pagar la jizya y aceptar una condición subordinada, abandonar la ciudad o enfrentarse a la muerte. Los yazidíes sufrieron una persecución aún más feroz, con asesinatos, secuestros, esclavitud sexual y conversiones forzadas. No se trataba de una metáfora religiosa, sino de una política de conquista aplicada contra quienes los yihadistas consideraban infieles, apóstatas o enemigos de su proyecto islámico.

Aquel día, desde Estados Unidos, el país donde millones de cubanos hemos abrazado la libertad, volví a recordar las imágenes del 9/11. En Gaza, cuando regresaron los terroristas, parte del pueblo los recibió con orgullo después de que hubieran matado a inocentes de todas las edades, entre ellos niños y embarazadas, raptado y violado a muchachas que participaban en un festival donde, irónicamente, se hablaba de paz y tolerancia con los enemigos de Israel. Otra vez, las víctimas fueron lanzadas al paredón de la culpabilidad y los victimarios tratados como revolucionarios con licencia para matar en nombre de una ideología. La alegría enfermiza que había visto en La Habana seguía haciendo historia. Desde 1959, el régimen de Fidel Castro enseñó a varias generaciones que Estados Unidos encarnaba el mal y que cualquier golpe contra ese país podía celebrarse como una victoria de los oprimidos. Esa hostilidad no produjo solamente discursos. Ana Belén Montes entregó secretos a La Habana durante casi diecisiete años desde un puesto privilegiado en la Agencia de Inteligencia de la Defensa. La Red Avispa infiltró organizaciones del exilio. Cuatro pilotos de Hermanos al Rescate murieron cuando cazas cubanos derribaron dos avionetas civiles desarmadas en 1996. Todos esos crímenes participan de la misma danza macabra que los del islamismo.

El miserable funcionario comunista que festejó ante una pantalla no necesitaba creer en Alá para absolver a Al Qaeda. Le bastaba compartir el enemigo. Esa coincidencia explica una alianza que parece absurda cuando se comparan las costumbres de sus integrantes, pero resulta perfectamente comprensible cuando se observa a quiénes combaten. La izquierda revolucionaria, los socialistas que —para confundir— se dicen democráticos y el islamismo señalan a Estados Unidos, Israel, el capitalismo y la cultura occidental como fuentes originales de opresión, pero la verdad es que odian la libertad de Occidente, que es lo mismo que decir la civilización judeocristiana. No en balde se prestan consignas, tribunas, coartadas y enemigos.

Lo que Europa decidió tolerar

Bruce Bawer publicó en 2006 While Europe Slept (Mientras Europa duerme: de cómo el islamismo radical está destruyendo Occidente desde dentro). El libro, aunque incurre en el error de añadir el adjetivo “radical”, comienza el 2 de noviembre de 2004 en la cocina de su madre, en Queens, mientras Bawer bebe café instantáneo y ordena los recuerdos acumulados antes y después del 9/11. Homosexual y crítico del fundamentalismo cristiano, se había marchado a Europa buscando una vida más liberal. Allí encontró gobiernos e intelectuales dispuestos a condenar la misoginia, la homofobia y el antisemitismo, excepto cuando la denuncia podía ofender a dirigentes religiosos musulmanes.

Captura de pantalla 2026-07-20 a la(s) 11.07.40 p.m.Cuba, capital del comunismo del siglo XXI: maquinaria de subversión contra Estados Unidos

El dilema con que chocó Bawer, por desgracia, aún se mantiene: una Europa que protege al islamista alegando discriminación, mientras silencia a la mujer musulmana que denuncia una coacción. Una Europa que no condena con todo el peso de la ley a los que violan y se casan con niñas, cuelgan a homosexuales, apedrean a mujeres y las obligan a vivir con el rostro tapado por temor a ser ejecutadas. Una Europa que abandona al maestro amenazado por enseñar una caricatura e impide a un cristiano leer la Biblia en público mientras permite y custodia a quienes cierran calles para leer el Corán, rezar y proclamar que Alá les ha ordenado imponer en Europa la ley sharía. Una Europa que se traiciona a sí misma y pisotea sus principios en nombre de una tolerancia mal entendida. Una Europa que ha dejado indefensos a sus ciudadanos y que progresivamente los está borrando desde dentro.

Los asesinatos cometidos por terroristas islamistas han mostrado el costo más visible de ese abandono. Madrid en 2004, Charlie Hebdo, el Bataclan, Bruselas, Niza, Manchester, Viena, la decapitación del profesor Samuel Paty y otros ataques tuvieron autores y circunstancias diferentes, aunque todos recurrieron al yihadismo para justificar la matanza. Europol registró en 2025 cuarenta y cinco atentados consumados, fallidos o frustrados en la Unión Europea. Veinticuatro fueron clasificados como yihadistas. De estos, nueve llegaron a ejecutarse y quince fueron frustrados. Los ataques yihadistas consumados dejaron cinco muertos y 81 heridos. De 486 personas arrestadas por delitos de terrorismo, 347 estaban relacionadas con esa corriente.

África y España

Fuera de Europa, la persecución y el asesinato de cristianos africanos continúan sin que los medios presten la atención que la gravedad merece. En julio de 2025, las Fuerzas Democráticas Aliadas, vinculadas al Estado Islámico, irrumpieron durante una vigilia nocturna en una iglesia católica de Komanda, en el Congo, y asesinaron con machetes, armas de fuego y golpes a decenas de fieles, entre ellos mujeres y niños. Quemaron viviendas y comercios, secuestraron habitantes y dejaron tantos cadáveres que la comunidad tuvo que enterrarlos en una fosa común junto a la iglesia.

Meses después, el mismo grupo asesinó a 89 civiles en Kivu del Norte. 17 murieron dentro de un centro sanitario católico, incluidas mujeres ingresadas en la sala de maternidad, mientras los atacantes incendiaban los pabellones. En Mozambique, terroristas vinculados al Estado Islámico han decapitado cristianos, incendiado aldeas y obligado a miles de familias a huir. No hablamos de una disputa teológica ni de una impresión exagerada. Hablamos de seres humanos asesinados mientras rezaban, degollados o decapitados, niños secuestrados y comunidades reducidas a cenizas. Ocultar la identidad de las víctimas, borrar la motivación religiosa o evitar el nombre de los verdugos por miedo a parecer intolerantes convierte a Occidente en cómplice silencioso.

La violencia islamista también se instala en la vida cotidiana a través de instituciones religiosas sin autoridad legal. Una investigación encargada por el Ministerio del Interior británico encontró que algunos consejos de sharía en Inglaterra y Gales presionaban a mujeres que habían denunciado violencia doméstica para que regresaran con sus agresores. Otras carecían de protección jurídica porque sus matrimonios religiosos nunca habían sido registrados civilmente. Esos consejos ejercen una autoridad real sobre mujeres que temen perder a sus hijos, sus familias o su comunidad. Europa no puede tratar estos abusos como costumbres privadas. Cuando permite que una autoridad religiosa imponga lo que sus leyes prohíben, abandona a las víctimas y enseña a las nuevas generaciones que los derechos de una mujer pueden depender de su origen. Eso no es integración, sino la aceptación de una desigualdad paralela a la ley.

Captura de pantalla 2026-07-27 a la(s) 11.38.38 a.m.El daño antropológico en Cuba: concepto, equívocos y sanación

La inmigración masiva ha aumentado la dificultad de integrar comunidades numerosas en muy poco tiempo. Pew calculó que los musulmanes constituían el 4,9 por ciento de la población europea en 2016 y proyectó para 2050 una proporción de entre 7,4 y 14 por ciento, según el volumen migratorio. Los gobiernos que han abierto las puertas están obligados a sostener escuelas, tribunales y servicios capaces de incorporar a los recién llegados bajo una misma ley. La cacareada integración fracasa cuando el Estado pierde el control de la frontera y cuando evita establecer qué normas no están sujetas a negociación.

Ceuta ofrece una medida brutal de esa pérdida de control. En mayo de 2021, unas ocho mil personas entraron ilegalmente. El Parlamento Europeo acusó a Rabat de utilizar la migración, incluidos menores, como instrumento de presión contra España. A finales de julio de 2026, cerca de 80 mil personas procedentes de Marruecos —una cantidad semejante a la población de Ceuta—, en su mayoría hombres jóvenes en edad militar, cruzaron en menos de 48 horas. La inteligencia española había advertido de convocatorias para asaltar la frontera. Sánchez reconoció que la policía marroquí permitió los cruces durante horas, pero negó que existieran pruebas de una operación del Gobierno de Marruecos. El Gobierno español ha intentado tergiversar la realidad y presentar esta invasión como una crisis humanitaria. Quien atraviesa una frontera sin autorización entra ilegalmente, aunque después pueda solicitar asilo y deba acreditar que reúne las condiciones para recibirlo. El asilo se pervierte cuando alguien obtiene refugio alegando persecución religiosa y después pretende imponer las mismas prohibiciones de las que decía escapar. Miles de ceutíes han denunciado esta manipulación. No se puede tapar el sol con un dedo, aunque sea la mano peluda de la Internacional Socialista, de la cual Sánchez es presidente.

Mamdani y la protesta en defensa de Estados Unidos

En Estados Unidos, estas contradicciones estallaron este 11 de septiembre alrededor de Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, socialista que se dice democrático y defensor del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), que promueve el boicot económico, académico y cultural contra Israel, así como la retirada de inversiones de empresas relacionadas con Israel y la imposición de sanciones internacionales al Estado israelí. La controversia no nació porque un musulmán alcanzara la alcaldía. Nació de palabras, relaciones y decisiones concretas. Durante la campaña de 2025, Mamdani rehusó condenar la consigna “globalizar la intifada” y explicó que no era su responsabilidad vigilar el lenguaje de los demás. Más tarde dijo que desalentaría su uso. La rectificación llegó después de que muchos judíos neoyorquinos le explicaran que la palabra intifada no evoca una discusión universitaria, sino autobuses destruidos, cafés ensangrentados y civiles asesinados.

Otros antecedentes agravaron la desconfianza. En mensajes publicados en 2015, Mamdani cuestionó la vigilancia del FBI sobre Anwar al-Awlaki y presentó como interrogante la relación entre esa vigilancia y la posterior incorporación del clérigo a Al Qaeda. Una pregunta puede ser legítima, pero aquella omitía que al-Awlaki llegó a convertirse en propagandista y dirigente operativo de Al Qaeda en la Península Arábiga. En abril de 2025, Mamdani apareció en el programa de Hasan Piker (uno de los socialistas más radicales y defensor de la dictadura cubana) y eludió condenar la frase con la que Piker había afirmado que Estados Unidos “mereció” el 9/11. Meses después calificó ese comentario de censurable y repugnante. Algunos lo exoneran. Para otros, el patrón revela una adhesión al terrorismo.

La misma torpeza rodeó el nombramiento de Ramzi Kassem como principal asesor jurídico de Mamdani. Kassem representó a Ahmed al-Darbi, detenido en Guantánamo y declarado culpable de delitos vinculados con ataques marítimos de Al Qaeda. Un abogado no comparte necesariamente las ideas de su cliente. La defensa de un acusado, incluso de uno detestable, pertenece al Estado de derecho. Pero la ofensa percibida por varios familiares surgió cuando Kassem apareció durante la firma de órdenes ejecutivas relacionadas con el 9/11 y recibió una de las plumas ceremoniales. Giovanni Galante, cuya esposa Grace Catherine murió en la Torre Norte, inició una petición para que Mamdani no asistiera a la conmemoración de Ground Zero. La solicitud superó las 113.000 firmas y fue entregada en el Ayuntamiento por familiares de víctimas. Walter Matuza, Charles Wolf y Monica Iken Murphy se pronunciaron a favor. También lo hicieron Tom Von Essen, comisionado del Departamento de Bomberos durante los atentados, Rudy Giuliani y George Pataki. La cifra final de más de 113.000 fue confirmada después de la conmemoración por el propio organizador de la petición.

ChatGPT Image 24 jun 2026, 02_25_35 a.m.No repitas Capitalismo de Estado y otras trampas verbales del neocastrismo

La cantidad de firmas y la presencia de personas golpeadas por el atentado impiden reducir la protesta a una maniobra partidista. El rechazo fue provocado por la acumulación de actitudes y ambigüedades de Mamdani frente a consignas violentas, relaciones políticas y gestos públicos que ni siquiera en otra ciudad deberían considerarse simples asuntos de campaña. En Nueva York hieren la memoria de 2.977 muertos y, con ella, la de toda una nación. Mamdani respondió que asistiría y se le vio al lado de Alexandria Ocasio-Cortez. No ir habría significado admitir que sus declaraciones, alianzas y nombramientos lo habían descalificado para representar a Nueva York ante la memoria del 9/11. Acudir le permitía apropiarse de los símbolos del dolor, la unidad y el patriotismo. La presencia de Ocasio-Cortez reforzaba esa operación. No era solamente una congresista federal, sino una de las principales figuras de Democratic Socialists of America (DSA) acompañando al alcalde en medio de una grave controversia.

Ambos conocen el poder de las imágenes. Ground Zero podía ofrecerles una legitimidad simbólica que sus explicaciones no habían conseguido. Sin embargo, mientras los familiares pronunciaban los nombres de los asesinados, las cámaras los captaron conversando, sonriendo y riendo. No sabemos qué se dijeron, pero sí sabemos dónde estaban y qué ocurría a su alrededor. Habían acudido para demostrar su autoridad moral sobre la memoria de la ciudad y terminaron mostrando una ligereza intolerable ante los asesinados por el islamismo. 

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, completó la triste escena. Menos de dos semanas después de cubrirse el cabello durante una visita a un centro islámico y tras defender la presencia de Mamdani, abandonó Ground Zero mientras continuaba la lectura de los nombres para ser entrevistada en CNN. ¿Se trata de elementos de un patrón de conducta que condensan una época en la que la política estadounidense se hace cada vez más antiamericana?

El grave avance del islamismo en Estados Unidos

La población musulmana representa alrededor del 1,2 por ciento de los adultos estadounidenses. El Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas (CAIR) identificó en agosto de 2026 un récord de 255 musulmanes en cargos electivos en 26 estados, incluidos cuatro miembros de la Cámara de Representantes. La cifra no incluye necesariamente a los musulmanes que ejercen funciones públicas mediante designación o nombramiento y, por tanto, no representa el total de musulmanes que ocupan cargos en las instituciones estadounidenses. La propia metodología de CAIR reconoce que no existe una base nacional centralizada que registre a los funcionarios electos según su religión y que el número puede variar a medida que se identifican nuevos casos. 

Ilhan Omar y Rashida Tlaib apoyan BDS. Mamdani también. Democratic Socialists of America (DSA) condicionó en 2024 su respaldo nacional a Alexandria Ocasio-Cortez a que se opusiera a toda financiación de Israel, incluido Iron Dome, y respaldara el boicot. El capítulo de Orlando llegó a pedir la disolución del Estado de Israel. La crítica a Benjamin Netanyahu, a una guerra o a un asentamiento pertenece al debate democrático. Exigir la desaparición del único Estado judío mientras se toleran regímenes mucho más crueles responde a otra lógica.

Captura de pantalla 2025-12-13 a la(s) 2.07.55 p.m.Yihad 2025: Si alguien te dice que te va a matar, créele

En una encuesta realizada entre el 4 y el 17 de mayo de 2026, Pew encontró que el 44 por ciento de los adultos musulmanes estadounidenses consultados expresaba una opinión favorable de Hamás. El resultado conserva toda su gravedad porque Hamás es una organización terrorista designada por Estados Unidos y construye su proyecto político alrededor de la desaparición de Israel. Una democracia adulta investiga por qué existe esa simpatía. El 44 por ciento corresponde literalmente a la categoría de opinión favorable utilizada por Pew.

Votar por nuestros enemigos o el precio de seguir dormidos

Hace veinticinco años vi a personas comunes celebrar una matanza porque el castrismo les había enseñado a mirar primero la identidad del enemigo y después el cadáver. Ese orden de la mirada reaparece cuando la masacre de Hamás se convierte en una nota al pie de la causa palestina, cuando la intifada se presenta como una metáfora inocente y cuando “Muerte a Estados Unidos” recibe más contexto que repudio.

Comunismo e islamismo no son una misma doctrina, pero ambos son totalitarios y antidemocráticos, y comparten un enemigo: los valores fundamentales de la cultura occidental. La petición contra Mamdani muestra la ruptura entre una parte importante de la ciudad y un alcalde cuyas aclaraciones, cuando llegan, suelen aparecer después de la indignación. No se trata de islamofobia. Estados Unidos no se defiende maltratando a un vecino por ser musulmán: se defiende aplicando a todos la misma ley y exigiendo a cada funcionario la misma claridad frente al terrorismo, el comunismo, el islamismo, el antisemitismo y cualquier ideología incompatible con nuestros derechos y libertades.

Bawer escribió sobre una Europa que cerraba los ojos para no discutir con sus propias certezas. Yo vi en La Habana una forma más ruinosa del mismo abandono. Quienes celebraban frente al televisor sabían que estaban muriendo inocentes. Veinticinco años después, el peligro permanece y crece cuando una sociedad contempla el crimen y pregunta primero qué palabras debe evitar para no incomodar a quienes todavía intentan justificarlo. ¿Qué pensarían las víctimas del islamismo al contemplar a quienes, por ir contra los republicanos o contra Trump, votan ciegamente por políticos que los consideran tontos útiles y desprecian el sueño y la forma de vida estadounidenses? Mientras eso ocurra, Estados Unidos no sólo seguirá dormido frente al enemigo, sino que continuará votando por él. Es un suicidio colectivo cada vez menos lento.

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