Menos excepciones y más reglas

Después de la caída de las torres se ha hecho muy difícil rodar en las calles neoyorquinas sin permiso. Esto nos costó ser arrestados en cierto momento que vieron a uno de los actores con una pistola plástica, para una escena que ni siquiera terminó en la película...
Autores31/08/2025 Miguel Coyula
Captura de pantalla 2025-08-23 a la(s) 7.39.37 p.m.
Fotograma de Nadie (Nobody), filme de Miguel Coyula sobre el poeta Rafael Alcides.

El llamado cine “independiente” en Estados Unidos, se refiere a muchas películas que lucen el logo de Miramax, Dimension Films, etc. Son películas con alguna que otra irreverencia inocente a lo que es normalmente territorio de Hollywood. Pero sus historias y estructuras son por lo general deudoras de la gran industria. O tenemos el caso de Secretary (2002), una película sobre la relación sadomasoquista entre un abogado y su secretaria que fue bastante popular en el Festival de Cine de Sundance. La película es sincera hasta los últimos quince minutos, donde los realizadores optan por un final tan feliz como improbable, que convierte la temática y el mensaje en una infantilización romántica, probablemente para garantizar una mayor taquilla. 

El público medio estadounidense trabaja como un animal por más de ocho horas. Cuando le mencionas “ir a ver una película independiente”, le viene a la mente un drama “más realista” o una comedia “más negra”, o más recientemente, los clones de Tarantino. Pero nunca su imaginación alcanza al verdadero cine underground: películas que ni siquiera son aceptadas en Sundance por no tener actores famosos, o ser demasiado experimentales, o demasiado deprimentes en la crudeza de sus conceptos, sin concesiones de ningún tipo, en otras palabras: imposibles de comercializar en el mundo contemporáneo. Captura de pantalla 2025-08-23 a la(s) 7.37.51 p.m.

Sucede una cosa: este cine verdaderamente “sin presupuesto” está hecho por cualquiera. En Estados Unidos, hay muchas personas (ingenieros, doctores, etc.) que deciden de pronto: voy a dirigir “una película”. Compran la cámara, y la hacen. La mayoría de las veces dejan bastante que desear, no por el bajo presupuesto, sino porque sencillamente estas personas no tienen una comprensión del cine como lenguaje. Por otro lado, la masificación de los medios básicos de producción en soporte digital permite a otros explotar su talento casi al máximo. El problema es el siguiente: la producción de películas digitales se ha incrementado pues todo el mundo ahora quiere ser director. Al final, irónicamente las estadísticas de calidad del cine underground-inde- pendiente se mantienen proporcionales a Hollywood: de cada cien filmes uno solo sirve. Hay de todo: directores jóvenes, muchas veces estudiantes, que tratan de imitar a Star Wars, o Matrix, con la esperanza de ser captados por la industria. Entonces cuentan historias totalmente banales pero que demuestran un manejo hábil de la técnica y los efectos especiales. Otros (los imitadores de Tarantino) narran historias de jóvenes, envueltos en robos, drogas, sangre, música hip hop o funk, o cualquier derivado de “cool”. Otros grupos se toman la palabra “independiente” demasiado en serio: parten de una buena idea con gancho, pero hacen toda la película cámara en mano con iluminación deficiente, diálogos improvisados... Si bien el género “mumbleco- re” ha generado algunos clásicos, francamente me pare- ce una forma muy perezosa de hacer cine. Sin embargo, casi cualquiera de estas películas termina costando mucho más de lo que yo entiendo por cine verdaderamente: sin presupuesto. 

Captura de pantalla 2025-08-14 a la(s) 8.24.05 a.m.Los cubanos en los Estados Unidos

Yo, por ejemplo, creo en la mezcla de géneros. Red Cockroaches es una historia de incesto entre hermanos. Dicho así uno piensa enseguida: es un drama. Y puede decirse que ese es el género principal, aunque tenga una buena dosis de ciencia ficción, horror, humor negro y algo de surrealismo (según los críticos). 

La película, filmada con dos mil dólares, es una superproducción si la comparo con mis cortos anteriores. Compré un par de luces baratas en Chinatown a veinticinco dólares cada una, algunas gelatinas de colores, y empecé a filmar. 

Después de la caída de las torres se ha hecho muy difícil rodar en las calles neoyorquinas sin permiso. Esto nos costó ser arrestados en cierto momento que vieron a uno de los actores con una pistola plástica, para una escena que ni siquiera terminó en la película. La filma- ción tardó un año. Luego estuve editando por otro año. Cada vez que un cineasta de acá se entera cómo hice la película, confiesa que él jamás hubiera decidido hacerla en esas condiciones. 

Luego está la cuestión de la distribución para una película independiente que puede demorar tres, cuatro años, en caso de no quedar engavetada en un disco duro. Los años sesenta han quedado atrás, las películas hoy día consideradas “de arte”, tienen un empaquetado totalmente comercial. Se hace otro tipo de cine, pero no encuentra lugar dónde exhibirse. En Estados Unidos si el cineasta no tiene un mínimo de “commercial appeal”, sencillamente deja de existir como artista, y se limita a mostrar su obra al grupo de amigos cercanos. Esto es a veces justo y otras, injusto, pero es la gran mayoría de los casos. Por otro lado, hay películas que se venden so- las: cuando la historia es simple y se puede concretar en una sinopsis compuesta de una oración que impacta y despierta curiosidad. Esto, por supuesto, saca del juego a películas más “complicadas” cargadas de existencialis- mo y otras vertientes filosóficas. Teniendo en cuenta la gran paleta de inmigrantes que tiene Estados Unidos, se han hecho populares películas artísticamente irrele- vantes como My Fat Greek Wedding (2002) que explota el folklorismo localista en un insulso cuento de hadas concerniente a una familia de inmigrantes griegos, que no está totalmente de acuerdo con que su hija se case con un estadounidense. He leído varios comentarios de griegos enojados, reclamando que la película no es graciosa y que los muestra como una familia exagerada- mente demente y escandalosa. No hizo daño tampoco que la productora fuera la esposa de Tom Hanks. Y aquí viene la otra cuestión: estas películas necesitan de una estrella, sea actor, productor, director, etc. Es uno de los requisitos fundamentales para quitarle el sello de “mar- ginal” a la producción. Los otros requisitos son: tener un buen agente, ampliar la película a 35 mm, garantizar buena publicidad y más que todo, tener contacto con un “insider” capaz de oler el potencial de taquilla. 

El Festival de Cine de Sundance y la compañía Mi- ramax, rayan en el ridículo con el marketing de “inde- pendiente”: Miramax (que ha sido comprada por Disney distribuye y produce películas “independientes” como Gangs of New York, y Sundance programa películas cu- yos actores son Kevin Bacon, Natalie Portman, James Spader, Uma Thurman, Jack Nicholson, etc.). Leí una vez que George Lucas se considera un cineasta “indepen- diente”. Y lo gracioso es que de cierta forma tiene razón: es dueño de Lucasfilm, THX, e ILM. 

Collage _El lado más soleado y más oscuro de mi calle_, LLL, 2023Todas las Habanas son Habanas perdidas

Steven Spielberg dijo una vez sentirse feliz y afortu- nado: el cine que le gustaba, también le gusta al “gran público”. No cabe duda de que Spielberg es un cineasta sincero: hace lo que le gusta hacer. Pero también David Lynch, el problema es que su gusto se considera en conflicto con el “gran público”. Los dos hacen el cine que “les interesa y les gusta”. La diferencia pareciera estar en la “receptividad de los espectadores”. Spielberg trabaja con elementos de la cultura popular, las películas escapistas que le gustaron mientras crecía. Su cine es optimista, por esas razones. Mientras que Lynch busca otras áreas de representación de lo real, el lado oscuro. Sin embargo, ambos están (salvo La lista de Schindler y alguna otra) fuera de contextos deliberadamente socio-políticos. A Lynch, como a Ingmar Bergman, el lado más oscuro de la naturaleza humana, más allá de pertenencias socio-políticas, y por eso logran trascender épocas y geografías culturales. 

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La audiencia de las películas “independientes” se deja llevar muchas veces por críticos, da pena decirlo, que últimamente juzgan a un filme por: “¿Cuánto dinero hizo el primer fin de semana? ¿Cuántas personas la vieron? ¿No funcionó con la audiencia a quien supuestamente estaba destinada?”. Esto hace un daño terrible a la ya condición artística precaria de las películas independientes. Peor aún, genera una autocensura en algunos realizadores que ya empiezan a pensar cómo añadir ciertos elementos para hacer sus filmes “más asequibles” desde su concepción. 

Mientras que el cine independiente estadounidense ha alcanzado una factura técnica sólida, es difícil encontrar un filme que realmente tenga algo nuevo que decir, un mensaje poderoso, o riesgos formales, o al menos un punto de vista nuevo. No hay regla sin excepción. El problema es que cada vez hay menos excepciones y más reglas. 

(Escrito en 2004 y recogido en el libro "Matar el Realismo", Huron Azul, 2024) 

Captura de pantalla 2025-08-12 a la(s) 7.34.43 p.m.A 60 años de las UMAP o los "campos de concentración" cubanos

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