
Jim Croce apostó todo a su música, trabajó como camionero y conservó su guitarra

Este 20 de septiembre se cumplieron 50 años de la muerte del cantautor norteamericano Jim Croce, en 1973, producto de un accidente de aviación ocurrido en Natchitoches, Luisiana.
Se tronchaba así una prometedora carrera. Al momento de su muerte, un día antes de que saliera a la venta “I got a name”, su tercer álbum, Jim Croce gozaba de gran popularidad.
Su canción “Bad bad Leroy Brown”, que vendió dos millones de copias, había llegado al primer lugar del hit parade norteamericano. Un éxito similar lo consiguió luego con Time in a bottle.
También Operator, I”ll have to say I love you in a song, I got a name y You don’t mess around with Jim, llegaron a los primeros lugares de las revistas Billboard y Cashbox entre 1972 y 1974. Una proeza si se tiene en cuenta que en esos años estaban en su apogeo artistas como Elton John, Stevie Wonder, Carly Simon, James Taylor, Marvin Gaye y Cat Stevens, entre otros.
Pero no fue fácil para Jim Croce el camino hacia el éxito y la fama. Nacido en Filadelfia en 1943, en el seno de una familia humilde, desde sus tiempos universitarios había intentado infructuosamente entrar en el negocio de la música folk.
En 1968, a dúo con su esposa Ingrid Jacobson, logró grabar un disco en New York con Capitol Records, pero fue un fracaso, a pesar de los esfuerzos que hicieron por promoverlo tocando en pequeños clubes y campus de universidades.
Para pagar sus deudas, Jim Croce, que lo había apostado todo a las ventas del disco Jim & Ingrid Croce, tuvo que vender casi todas sus pertenencias y trabajar durante varios años como camionero. Pero conservó su guitarra, y siguió componiendo.
No solo hizo canciones de amor. También escribió, con mañas de cuentista y ligeros toques de humorismo e ironía, sobre sus vivencias y las de muchas de las personas que conoció en la carretera. Las historias que escuchaba, que casi siempre eran historias de reveses, frustración y desencanto, las anotaba en una libreta que siempre llevaba consigo.
De esa libreta y aquellas anotaciones salieron canciones como Box #10, A good times man like me ain’t got no bussines singing the blues, Hard time loosing man, y personajes tan bien delineados sicológicamente como el maloso Leroy Brown, la gordita Carmela y Rapid Roy.
Las hermosas y sentidas canciones de Jim Croce, que se han convertido en clásicos y medio siglo después de su muerte aún se escuchan en las emisoras de radio, con independencia de los géneros que estén de moda, son una prueba fehaciente de su perdurabilidad y universalidad.
Texto reproducido en El Nuevo Conservador por cortesía de su autor y la agencia Cubanet. Luis Cino Álvarez reside en Arroyo Naranjo, Cuba, y a pesar de la represión desde 1998 ejerce el periodismo independiente. Entre 2002 y la Primavera Negra de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Es colaborador de CubaNet desde hace 20 años. Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.



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