
La primera vez que escuché su nombre fue en los medios de comunicación del régimen de La Habana, controlados por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC). Lincoln fue muy odiado por Fidel Castro y sus acólitos
Si de inmigración se trata, las políticas de Bill Clinton pudieran parecen sacadas de un libro de texto escrito por Donald Trump. Sin embargo, la prensa nunca llamó racista ni xenófobo a Clinton
Autores19 de abril de 2024 Pedro Miguel GonzálezSi Bill Clinton fuese presidente hoy en dia, e implementara las mismas políticas que en su tiempo lo llevaron a ser un presidente popular, posiblemente sería considerado como un racista, un xenófobo e incluso como un pichón de nazi.
Me explicaré en unos pocos párrafos.
En la década de 1990, cuando Clinton fue presidente por dos periodos, el problema de la inmigración ilegal no era ni remotamente tan agudo como lo es hoy. No obstante a ello, fue Bill Clinton quien, usando acero de lo que en inglés llaman “military surplus”, construyó varias millas de muro en la frontera, continuando así una “tradición” demócrata que comenzó en los tiempos de Franklin D. Roosevelt, y que continuó con Harry S Truman, e incluso Jimmy Carter.
Pero el muro en la frontera no fue la única posición antiinmigrante de Clinton. En la misma frontera, el entonces presidente lanzó tres operaciones diferentes, una en Texas llamada Hold the Line. Una en Arizona conocida como Operation Safeguard. Y otra en California que fue denominada Gatekeeper.
La cosa no termina ahí. Al asumir el poder, el Immigration and Naturalization Service (INS), que era la entidad encargada de aplicar las leyes de inmigración en esos tiempos, contaba con poco más de cuatro mil agentes. Al terminar su mandato, eran más de ocho mil.
Para terminar con el tema de inmigración, cuando la inestabilidad provocada por el derrocamiento del presidente Jean-Beltrand Aristide lanzó a miles de haitianos al mar a principios de los años 90', el presidente Clinton los rechazó y los mandó a improvisados campamentos en la Base Naval de Guantánamo. Lo mismo sucedió con los cubanos, quienes en Agosto del 94, tras los disturbios conocidos como el Maleconazo, se lanzaron al mar en rústicas embarcaciones, en lo que se nombró desde hace 3 décadas como el Éxodo de los Balseros.
Así que, si de inmigración se trata, las políticas de Bill Clinton pudieran parecen sacadas de un libro de texto escrito por Donald Trump. Sin embargo, la prensa nunca llamó racista ni xenófobo a Clinton.
Cabe mencionar que el actual presidente, Joe Biden, fue senador durante aquellos años, y jamás mostró inconformidad con las políticas del presidente.
Pero la inmigracion no es la única cuestión en que los demócratas han cambiado radicalmente. En octubre de 1994, Bill Clinton anunció que daría $200 millones a ciudades y comunidades en los 50 estados con la meta de contratar a 100 mil nuevos policías. Son totalmente diferentes estas políticas a las posturas de los movimientos que, sobre todo después de las manifestaciones y disturbios a que tomaron como movil la muerte de George Floyd, piden retirar fondos a los departamentos de policía y que cuentan con el apoyo de muchos políticos demócratas.
El “welfare” fue otra cuestión en la que el presidente demócrata tomó posiciones que hoy serían impensables para el establishment de ese Partido. La ley conocida como Personal Responsibility and Work Opportunity Reconciliation Act, de 1996, fue pasada por el Congreso y felizmente firmada por Clinton, quien aseguró que con esa ley cumplía con su promesa de campaña de terminar con el “welfare” como se le había conocido hasta ese momento. Como resultado inmediato de la ley, el número de quienes reciben ayuda disminuye dramáticamente. Y no está de más aclarar que el entonces senador Joe Biden votó a favor de dicha ley.
Los que venimos huyendo de regímenes socialistas no podemos evitar preocuparnos por el cambio tan radical que ha dado el Partido Demócrata, que es el que cuenta con más miembros registrados en todo el país. Podemos entender el gran daño que le hace a la nación. Pero como decía el famoso oso Yogui: “nunca pierdas la fe Gugu”.
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No había un solo asesor principal de Clinton que apoyaba las sanciones contra la dictadura cubana, y Clinton pronto comenzó una serie de "obsequios" unilaterales a Castro, ocultos en el lenguaje de la política de "pueblo a pueblo". En consecuencia, me enfoqué en la necesidad de quitarle el embargo al Presidente de Estados Unidos y ponerlo dentro de los parámetros de la ley de Estados Unidos a través de legislación
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