
La primera vez que escuché su nombre fue en los medios de comunicación del régimen de La Habana, controlados por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC). Lincoln fue muy odiado por Fidel Castro y sus acólitos
Ana María Simo conservó aquellas cartas y por su valor testimonial, se las devolvió a García Ramos cuando ambos escritores volvieron a reunirse en New York, en 1980, luego de trece años de separación
Autores02 de julio de 2024 Luis CinoEl libro Una amiga en París (Cartas, 1968-1972), publicado hace unos meses en Ediciones Furtivas, es el más reciente título de Reinaldo García Ramos, uno de los escritores de Ediciones El Puente y que, a partir de su salida de Cuba en 1980, formó parte de la llamada Generación del Mariel.
El libro está compuesto por fragmentos de 33 de las más de 200 cartas que García Ramos, entre 1968 y 1972, envió desde La Habana y Trinidad (donde pasaba el servicio social) a su amiga la escritora Ana María Simo, por entonces exiliada en Francia.
Junto al poeta José Mario Rodríguez, Simo dirigió Ediciones El Puente desde 1961 hasta 1965, cuando la editorial fue cerrada por órdenes de Fidel Castro.
Ana María Simo conservó aquellas cartas y por su valor testimonial, se las devolvió a García Ramos cuando ambos escritores volvieron a reunirse en New York, en 1980, luego de trece años de separación.
García Ramos tardó más de 40 años en decidirse a hacer un libro con ellas. Refiere en el preámbulo del libro:
“Cuando escribí estas cartas yo tenía entre 24 y 28 años y estaba presenciando la destrucción del universo en que habían transcurrido mi niñez y mi temprana juventud. Ahora las presento como el testimonio entrecortado que nos dejó una víctima de ese naufragio, del mismo modo que un arqueólogo muestra los fragmentos de un edificio perdido… Expresan la angustia de numerosos jóvenes que, como yo en aquellas circunstancias, pensaron que su futuro individual estaba clausurado”.
En verdad reflejan un ambiente asfixiante. Y no era para menos. Podemos imaginar cuan proclive a represalias era García Ramos, homosexual y proveniente de Ediciones El Puente. Quería emigrar, pero no podía hacerlo hasta después que saliera de la edad militar, que las autoridades fijaban en los 27 años. Hasta que no cumpliera esa edad, podía ser enviado a pasar el Servicio Militar Obligatorio.
Durante el periodo de tiempo en que fueron escritas las cartas (1968-1972) todo cambiaba continuamente, y siempre para peor. Fue el tiempo en que el régimen castrista derivó definitivamente hacia el totalitarismo. Recordemos que en esos cuatro años ocurrieron: la Ofensiva Revolucionaria de marzo de 1968, que barrió con los últimos vestigios de propiedad privada; los ataques contra Heberto Padilla, Antón Arrufat y otros escritores desde Verde Olivo, la revista del ejército; el Cordón de La Habana y la Zafra de los Diez Millones; la Ley contra la vagancia, y las continuas redadas policiales contra melenudos, homosexuales y otras personas que las autoridades consideraban “lacras sociales”.
La guinda de la torta totalitaria fue el Congreso de Educación y Cultura, en marzo de 1971, donde, luego del discurso de clausura de Fidel Castro, se implementó la llamada “parametración” contra los homosexuales y el recrudecimiento de la represión contra el llamado “diversionismo ideológico”, dando inicio a lo que se conoce como el Quinquenio Gris que, en realidad, duró más de un decenio, y fue la época más sombría de la cultura cubana.
Sobre Una amiga en París (Cartas, 1968-1972), el pasado enero, en una entrevista con William Navarrete que apareció en CubaNet, García Ramos dijo:
“Es un aporte a la memoria de la nación, pero además un testimonio o crónica de lo vivido por los jóvenes de mi generación en esos años. Los que quedamos con vida de mi generación tenemos el deber de recordar cómo éramos, qué pensábamos, de qué modo nos hicieron sufrir. Tenemos que abrir los intersticios de ese pasado y tratar de ver en esos hechos con la mayor claridad posible, no solo la raíz de lo que ha pasado después en nuestro pobre país, sino también lo que hemos terminado siendo como individuos”.
Reinaldo García Ramos, nacido en Cienfuegos en 1944, publicó su primer libro, el poemario Acta, en Ediciones El Puente, en 1962, cuando tenía solo 18 años. Junto a Ana María Simo, también en El Puente, compiló la Antología de Novísima Poesía Cubana. Se fue al exilio en 1980, durante el éxodo de Mariel. Entre 1983 y 1985 fue miembro del consejo de redacción de la revista Mariel. Fue editor de la revista electrónica Decir del agua. Poeta y ensayista, es autor de los libros Obra del fugitivo, El buen peligro, Caverna fiel, En la llanura, Únicas ofrendas, Cuerpos al borde de una isla, El ánimo animal y Una medida inexacta.
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