
Howl Subtropical
Yoandy Castañeda
Con la licencia de Allen Ginsberg:
"He visto las mejores mentes de mi generación
destruídas por la locura".
Torpes marionetas masacradas
en los callejones del olvido
buscando los pretextos
para soñar un espejismo de campana,
hincarse desnudos y en el espejo propio
no reconocer su rostro
y desterrar un algoritmo de nostalgias
y flechar la incertidumbre
y el desespero de la duda.
Pobres plebeyos
con el lastre de la destrucción entre las venas
y un suero de tristezas
y un corazón perdido en la esperanza.
Siervos subleales,
quienes dislocaron los segundos y en medio
de miméticas corcheas se fueron a la cama del
prójimo y con su mujer rompieron los mas sagrados
mandamientos,
y luego respondieron sus exámenes orales
con el semen y las secreciones trashumantes
perdidas en el neceser de los dientes
antecediendo los fonemas en superlativa comunión.
Entonces abrazados en silencio
hablaron de política y se penetraron
y declamaron su make love not war
y se asustaron
y se atrincheraron con los gatillos de un orgasmo.
Y quienes en procesión solemnísima
se cansaron de las mentiras
y decidieron cómo vivir e incluso cuando besar
los labios de la muerte,
quienes naufragaron en las islas
y construyeron una barca
pero no lograron escapar
y se conformaron con sorber la burocracia
y masacrarse hasta legitimar el holocausto.
Quienes asesinaron su intelecto
y trataron la homosexualidad con manuales
militares y movilizaciones
y donaron su opinión
a centros de detención y coma vegetativo
y apostaron la lengua
y una mano de póker les robo el habla
para condenarlos a tenues brazaletes.
Quienes tropezaron con farolas
y durmieron sobre el césped
para marchar al día siguiente
y a la luz del alba se les olvido por que marchaban
sin embargo repitieron las consignas
y aplaudieron.
Quienes adoptaron tendencias vanguardistas
y lograron el trono cultural de la ignorancia
e incluso fornicaron y besaron
dieron gracias y exaltaron
a cambio de un premio municipal
y su diplomita de hojas amarillas.
Ay, la prostitución del arte por el arte
y los veredictos amigoprotocolares
y de recepción dólarparlante.
Quienes durmieron sobre la furia del mar
y entonaron cantos de sirenas
hasta enloquecer y quienes jugaron
a domar las olas pero languidecieron
en el secreto de las aguas.
Quienes se marchitaron en las celdas
y vieron deshojarse las flores de la vida
mientras se quedaron sin preguntas
y esas respuestas dibujaron en nubes de carbón
por las paredes
y el erotismo abierto en los pliegos de una carta.
Lágrimas vendidas reescritas y latentes
en una fiebre de amor inacabable.
Quienes se desnudaron al foráneo
a cambio de migajas monetarias
y guardaron el excedente de su cuerpo
para los niños que deambulan por la casa.
Quienes sufrieron el laberinto de la censura
y se dedicaron a complacer
a quienes no merecían ser complacidos
para acostarse en una suite de baratijas morales.
Quienes cayeron bajo la política del Big Brother
y fueron presos en su propia vigilancia
y lloraron el irrespeto jurídico
con odios y con sangre
y así cortaron sus alas solo porque alguien
les prohibía volar.
Quienes encontraron solución en los andenes
y fueron a la capital y pernoctaron por 23 y G
la high Asbury subtropical de las jeringas
y los Dark Angels vestidos de policía
a golpes en esta cruzada snobista
por el celular último modelo
y alardearon de las "green party" como alternativa
a la vida inamovible de la urbe conquistada.
Quienes despertaron en aviones
para pelear guerras ajenas y fueron acribillados
y quienes volvieron pero nunca hallaron la paz
y en medio de la madrugada despertaron
con el zumbido de las bombas en la cama.
Quienes escribieron para nunca ser leídos
y vieron al verso tímido languidecer
y descargaron toda su rabia en pipas de cerveza
y disfrutaron su acidez como castigo
y quienes fundaron efímeros panfletos
subversivos y fueron perseguidos y expulsados.
"He visto las mejores mentes de mi generación
destruídas por la locura".



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