
Adiós, Juana

Juana Bacallao, que ha muerto este sábado en La Habana, a los 98 años, cumplió su promesa de mantenerse en el escenario hasta el fin de sus días, deleitándonos con su gracia y sus ocurrencias.
Algunos la consideraron extravagante, desatinada y vulgar, pero fue la artista más original y auténtica en el mundillo de las cantantes cubanas de las últimas décadas, donde tanto abundan las poses pretensiosas, el falso oropel y las fanfarrias de vedettes y divas que distan mucho de serlo.
Irreverente, chota, burlona, espontánea hasta el escándalo, Juana Bacallao, con su peluca platinada y bamboleándose sobre sus altísimos tacones, se creó un personaje que llegó a ser ella misma.
Chusmona simpática, mal hablada pero nunca grosera con su público, a quien mucho respetaba, fue la caricatura de una estrella del espectáculo, una especie de parodia habanera y rumbera de Marilyn Monroe. Una intérprete de voz áspera y poco afinada, que cambiaba las letras de las canciones, con intención de parodiarlas o sencillamente porque se le olvidaban o no logró aprendérselas, que cantaba We are the world o algo de Michael Jackson en un inglés que se inventaba, como mismo exclamaba, con ambientosa guapería solariega de Centro Habana: “¿Qué volá con lo mío, asere?”.
Fue el pianista y compositor Obdulio Morales quien la descubrió, la bautizó con su nombre artístico que era el título de una guaracha suya, y auguró que llegaría lejos. Eso, a pesar de que Neris Amelia Martínez Salazar (que era su verdadero nombre) lo tenía todo en contra: era pobre, huérfana, poco agraciada, de pequeña estatura. Y además, negra. “Negra prieta y cocotimba” –como ella misma se describía– en un país que aún hoy, pese a estar el racismo abolido por decreto desde hace seis décadas, no acaba de vencer los prejuicios raciales.
En la década de 1960 le fue difícil a Juana Bacallao –que ya se había presentado con artistas como Nat King Cole, Celia Cruz, Benny Moré y Bola de Nieve– que la aceptaran en la TV. Los muy pedantes y elitistas comisarios y decisores de la cultura oficial, con su poco sentido del humor, la consideraban chabacana y de mal gusto.
Pero finalmente tuvieron que aceptarla y hasta conferirle la Distinción de la Cultura Nacional. Y eso que Juana nunca se dejó manipular ni se prestó para su politiquería y hasta llegó a mofarse de los envarados mandamases comunistas. Como en una memorable ocasión, cuando luego de tener que esperar que llegara un alto dirigente y su séquito para iniciar su actuación, preguntó: “¿Qué volá, ya están aquí todos los secuaces?”
Adiós, Juana. Gracias por divertirnos y por nunca dejar de ser como eras. Los cubanos te vamos a extrañar.
Publicado originalmente en Cubanet. Luis Cino Álvarez reside en Arroyo Naranjo, Cuba, y a pesar de la represión desde 1998 ejerce el periodismo independiente. Entre 2002 y la Primavera Negra de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Es colaborador de CubaNet desde hace 20 años. Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.



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