La Libreta de Abastecimiento (racionamiento) cumple 62 años. Hambre y desesperanza en Cuba

Tan miserable se han vuelto nuestras vidas, que la mayoría de los cubanos temen el momento en que los mandamases se decidan a eliminarla, como han insinuado varias veces...

Historia 17 de marzo de 2024 Luis Cino
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Collage de El Periódico.

El 12 de marzo de 1962 Fidel Castro decretó que a partir de ese momento y “por el  tiempo que la situación del país” lo requiriese,  los alimentos se venderían de forma racionada. 

Para justificar el racionamiento, alegó que el desabastecimiento que se empezaba a padecer era debido al “bloqueo y la guerra económica a que era sometida Cuba por parte del gobierno norteamericano y la contrarrevolución”, y que racionar los alimentos era la única forma de impedir el acaparamiento y la especulación.

La Libreta de Abastecimiento de Productos Alimenticios, como eufemísticamente denominaron al documento que entregaron a cada familia para poder comprar en las bodegas, era la versión castrista de las cartillas de racionamiento que existieron luego del fin de la Segunda Guerra Mundial en la Unión Soviética y los países de Europa Oriental.

A la Libreta de Productos Alimenticios se sumaría poco después una escuálida Libreta de Productos Industriales para adquirir —a veces teniendo que escoger entre una cosa u otra—  la ropa, los zapatos, los pocos efectos electrodomésticos que hubiesen, y una vez al año, los juguetes para los niños.         

Lo que nadie pudo imaginar que aquel racionamiento, que se anunciaba como una medida provisional, que duraría solo unos pocos años para dar paso a la abundancia prometida por el Máximo Líder para un paradisíaco futuro, se prolongaría, y de mucha peor forma, por 62 años, hasta nuestros días.  

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Luego de la relativa bonanza de la década de 1980, debida a la integración de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), sobrevino, con el derrumbe del bloque soviético, la crisis que Fidel Castro, utilizando otro de sus eufemismos, bautizó como “Periodo Especial en tiempo de paz”.  

En 1991, de la Libreta de Abastecimiento, cuyas páginas se vieron drásticamente reducidas, desaparecieron más de la mitad de los productos que hasta entonces se ofertaban. Así y hasta hoy, desaparecieron productos como la carne de res y la leche condensada, por solo citar dos. 

Desde entonces, la leche fue solo para niños menores de siete años y enfermos cuya dieta la requiriera. Eso, a pesar de que Fidel Castro anunció en la década de 1970 que Cuba, gracias a los experimentos ganaderos que se le ocurrían, produciría más leche que Holanda, tanta que alcanzaría para llenar la bahía de La Habana; y de que, en el discurso del 26 de julio de   2007, el general Raúl Castro prometió que, en breve tiempo, todos los cubanos podrían disponer diariamente de un vaso de leche. Lejos de ocurrir eso, recientemente, el régimen cubano, ante la escasez de leche, se ha visto obligado a pedir ayuda al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.   

Luego de superados los peores años del Periodo Especial, lo ofertado por la Libreta de Abastecimiento jamás volvió a alcanzar los niveles de 1989.  

Lo que se puede adquirir por la libreta —“la canasta familiar normada”, como oficialmente la denominan—, que malamente alcanza para malcomer poco más de una semana, se redujo a unas pocas libras de arroz, frijoles, azúcar, un frasco de aceite por persona cada dos meses, y una vez al mes, pollo, huevos, picadillo, jamonada (que hay que ir rápido a buscarla a la carnicería porque generalmente está falta de refrigeración y se pudre). Ah, y un panecillo diario por persona, de pésima calidad.  Y en los últimos meses, ya ni eso garantizan.      

En medio de la crisis originada por la pandemia, a los mandamases se les ocurrió implementar un reordenamiento económico que, al fracasar, multiplicó los precios y ha provocado una inflación que, con el alza del precio del combustible, amenaza con seguir aumentando. A eso se suma una agricultura arruinada por trabas caprichosas y contraproducentes.

Screenshot 2024-02-27 at 2.06.31 AMDocumental sobre Barbarroja, agente de la subversión castrista en Latinoamérica

Pero los panzudos mandamases de la continuidad siguen culpando de la escasez al bloqueo, pidiendo más esfuerzos, prometiendo un futuro de prosperidad y hablando de sobrecumplimientos productivos que solo existen en el periódico Granma y el NTV. 

Tan miserable se han vuelto nuestras vidas, que la mayoría de los cubanos, ante lo cara y escasa que está la comida y la imposibilidad de comprar en las tiendas en MLC, por poco e irregular sea lo que puedan adquirir por la Libreta de Abastecimiento, temen el momento en que los mandamases se decidan a eliminarla, como han insinuado varias veces.

A pesar de su supuesta preocupación por “los vulnerables” (su eufemismo para designar a los más menesterosos) y sus promesas de que la revolución no dejará desamparado a nadie, al hablar de dejar de subsidiar productos, los mandamases parecen dispuestos a que el estado se desentienda de la alimentación del pueblo y que este se las arregle como pueda para comer pagando los astronómicos precios de las mipymes.      

Mientras nos volvemos a apretar el cinturón, pensamos en qué encontraremos para cocinar y contamos el dinero, sacando una vez más la cuenta que no hay modo de que dé, parece de una idílica abundancia aquel tiempo, hace 62 años, cuando implantaron el racionamiento.     

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Publicado originalmente en Cubanet. Luis Cino Álvarez reside en Arroyo Naranjo, Cuba, y a pesar de la represión desde 1998 ejerce el periodismo independiente. Entre 2002 y la Primavera Negra de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Es colaborador de CubaNet desde hace 20 años. Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.     

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