
El caos total llega cuando son el 80% o más: se establece un control absoluto del islam sobre la sociedad, eliminando toda forma de disidencia, respeto a los derechos humanos y libertad individual como ocurre en los países de mayoría musulmana
¿Por qué tendríamos que preocuparnos de una religión más en Estados Unidos, un país que garantiza la libertad de culto?
Autores14 de julio de 2023 *Hugo BalderramaSe suele pensar que el racismo es un asunto exclusivo de blancos. La mayoría de la gente, cuando oye de odio racial, piensa en el Ku Klux Klan y sus campañas de persecución contra los negros. Sin embargo, a pesar de la molestia del progresismo occidental, el racismo contra las personas blancas también existe, incluso es más duro que el ejercido contra otros grupos étnicos.
La periodista italiana Oriana Fallaci descubrió que los grupos radicales islámicos y sus aliados de la izquierda norteamericana impulsaron un sentimiento antiestadounidense en las poblaciones negras, odio que tenía en el hombre blanco su objeto de representación.
En su trabajo, La fuerza de la razón, Fallaci cuenta que el fenómeno de Muhammad Ali, a quien ella entrevistó en dos ocasiones, no solamente se trataba de un boxeador de nula cultura convertido al islam, sino que era un símbolo que ciertos grupos de radicales musulmanes usaron para mostrarle al pueblo norteamericano que ya estaban en su patria. Obviamente, en esos años sólo se hablaba de comunismo, marxismo, leninismo, bolchevismo, socialismo o comunismo. No se oía jamás la palabra islamismo. En el contexto de la Guerra Fría se había inscrito, además, la guerra del Vietnam y en 1966 ésta se había recrudecido dramáticamente. En resumen, mientras los norteamericanos peleaban contra la URSS, el islam retomaba la yihad contra Occidente.
Han pasado seis décadas de aquellos años, ahora los negros musulmanes, según el Centro de Investigaciones Pew, representan el 20 % de los musulmanes en Estados Unidos. Casi el 70 % de los negros musulmanes (de Estados Unidos) han nacido en dentro del territorio estadounidense, además, el 49 % se identifican como conversos al Islam. Los primeros estadounidenses musulmanes elegidos para el Congreso, Keith Ellison en 2007 y André Carson en 2008, son negros y juraron su cargo con las manos apoyadas en el ejemplar del Corán que perteneció a Thomas Jefferson.
¿Por qué tendríamos que preocuparnos de una religión más en Estados Unidos, un país que garantiza la libertad de culto? Porque el islam no es una religión que practique la tolerancia, el respeto por la diferencia de pensamiento o la libertad individual. Veamos:
Islam significa sometimiento o subyugación. Sometimiento a Alá y a sus mayordomos encargados de gestionar sus asuntos en la tierra: ulemas, ayatolas y califas. De acuerdo con su fe, todos los seres humanos, queramos o no, debemos convertirnos al islam. El rechazo se paga con la esclavitud, en el mejor de los casos, o la muerte, en el peor. Ese es el verdadero objetivo de la Yihad, su propia Guerra Santa.
Conste que esta guerra no empezó el 11 de septiembre del 2001, sino el día que Mahoma, tomando textos del judaísmo y algunas doctrinas minoritarias del cristianismo, por ejemplo, el docetismo, fundó su religión hace aproximadamente 1400 años.
Al respecto José Brechner, experto en asuntos islámicos, además de mi amigo y maestro, explica que "los estudios indican que entre 25 y 30 por ciento de la población musulmana en los países árabes, apoya al islam radical. En números representa alrededor de 400 millones de personas. En Europa y el resto de Occidente donde hay unos 50 millones de musulmanes, la proporción de apoyo al radicalismo asciende al 65 por ciento".
En su artículo titulado No puede haber solución pacífica con los musulmanes, Brechner asegura que "los islamistas cuentan adicionalmente con el apoyo de grupos de extremistas-izquierdistas-totalitaristas no musulmanes, y principalmente con el soporte de grupos auto-designados “moderados”, también de izquierda, que, en su ingenuidad o ignorancia, creen que hablando de “paz y amor” van a convencerlos de que dejen de poner bombas. Estos son los más peligrosos, pues conforman un enorme equipo de tontos útiles. Los tontos útiles consideran que hay que abrirles las puertas de Occidente a los islamistas, que disfrazados de “refugiados” aprovechan para crear redes de terroristas que están sumergidos en decenas de miles de lugares, esperando el momento de actuar".
Lo que está sucediendo en Francia nos muestra que para los yihadistas el momento de actuar llegó hace rato. Mientras tanto los progresistas europeos, incapaces de definir, tan siquiera, lo que es una mujer, siguen abriendo las puertas al más violento grupo que jamás haya tenido que enfrentar Occidente, incluso peor que nazis, comunistas y maoístas. Así es, amigo lector, no queremos admitirlo, pero estamos en plena Guerra Santa.
*Hugo Marcelo Balderrama es un columnista y docente boliviano que, desde Estados Unidos, colabora con medios internacionales como Panampost y La Iberia, y centros de pensamiento como el Instituto Interamericano por la Democracia. Tiene un doctorado en Economía y una maestría en Administración de Empresas. Es autor de los libros Viernes conservador (2020), Gestión de los patrimonios familiares (2019) y Fe en la libertad (2017).
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