
La primera vez que escuché su nombre fue en los medios de comunicación del régimen de La Habana, controlados por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC). Lincoln fue muy odiado por Fidel Castro y sus acólitos
Cancio es propietario de OnCuba News, Fuego Enterprises, De Cancio Foods, Katapulk Marketplace y de una tienda online de equipos automotores para vender en Cuba con licencia del Departamento de Comercio de los Estados Unidos
Autores13 de diciembre de 2023 Luis CinoEl empresario Hugo Cancio ha concedido una entrevista poco convincente donde intenta justificarse y defenderse de las suspicacias que despiertan los ventajosos negocios que el régimen castrista le permite hacer en Cuba desde 2004.
Para empezar, no hubo sustos ni sofocos, pues la entrevista de marras fue para OnCuba News, medio del que Hugo Cancio es propietario, y la entrevistadora fue Milena Recio, directora editorial de dicha página.
Cancio es propietario de OnCuba News, Fuego Enterprises, De Cancio Foods, Katapulk Marketplace y de una tienda online de equipos automotores para vender en Cuba con licencia del Departamento de Comercio de los Estados Unidos. Así, Cancio debió haber elaborado mejor la trama para la entrevista, porque no serán muchos los que se traguen su cuento de que no goza de privilegios y ventajas que otros no tienen.
No sé en Washington, pero en La Habana, en el Palacio de la Revolución y en el de las Convenciones, es muy bien acogido, incluso por el presidente designado y primer secretario del Partido Comunista (PCC) Miguel Díaz-Canel, que es pródigo en palmearle el hombro y darle estrechones de mano. Por eso asombró tanto aquella vez, cuando, en los primeros tiempos de su Gobierno (de alguna forma hay que llamar a su gestión continuista), Díaz-Canel arremetió contra OnCuba News al presentarlo como el epítome de “los medios contrarrevolucionarios”.
Parece que Díaz-Canel, despistado, confundió a la inocua y siempre condescendiente OnCuba con CubaNet, porque poco después, durante su estancia en New York para asistir a la Asamblea de Naciones Unidas, en una recepción saludó efusivamente a Cancio y, sonriente, le estrechó la mano.
Según Cancio, el éxito de sus gestiones ante los Gobiernos de Cuba y Estados Unidos se debe a que, a diferencia de otros, él insiste y persiste. Dígame usted, con lo intolerantes y tercos que son los castristas.
Pero es que Cancio —que se fue por el Mariel en 1980 y regresó a Cuba a fines de la década de 1990 para producir Locura azul, la película sobre Los Zafiros, donde cantaba su padre—, a pesar de que dice que le gustaría ver “una Cuba muy diferente a esta que existe”, no se dedica a vociferar en contra del régimen en las redes sociales. Lo suyo es alguna que otra puyita y la esperanza de traer a Cuba, junto con su dinero, sus criterios políticos, para nada urticantes, sino más bien amables con el régimen.
Respecto a las críticas por los altos precios de los productos alimenticios de Katapulk, pagados en dólares por los cubanos en el exterior para enviar a sus hambreados familiares en Cuba, Cancio los justificó argumentando que Cuba es “un mercado de riesgo, un país sometido a sanciones muy reales”. O sea, son caros por culpa del embargo.
Aseguró, además, que en Katapulk hay la menor intervención de Estado cubano, y sí del sector privado, que es quien pone los precios. “Nosotros tratamos de regularlos un poco, que no se vayan por encima, porque se busca que los precios sean asequibles a la mayor cantidad de cubanos residentes en el exterior que quieren y necesitan ayudar a sus familias”, dijo. Además, indicó que está “muy cerca” de conseguir que las personas en Cuba que no tengan MLC puedan con moneda nacional comprar en Katapulk.
¿Quién hubiera adivinado tanta generosidad y altruismo en un empresario tan camaján como Hugo Cancio, que se zambulle y nada con destreza lo mismo en las aguas del embargo norteamericano que en las de la inveterada y testaruda soberbia del régimen castrista?
Texto reproducido en El Nuevo Conservador por cortesía de su autor y la agencia Cubanet. Luis Cino Álvarez reside en Arroyo Naranjo, Cuba, y a pesar de la represión desde 1998 ejerce el periodismo independiente. Entre 2002 y la Primavera Negra de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Fue subdirector de Primavera Digital. Es colaborador de CubaNet desde hace 20 años. Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.
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