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No podemos seguir llamando “elecciones” a votar sin elegir. Cuando se vota sin poder elegir estamos ante “votaciones en dictadura” que son parte del terrorismo de Estado
Autores26/03/2024 CARLOS SÁNCHEZ BERZAÍN
La suplantación de la voluntad de los pueblos por medio de votaciones en las que no existe libertad ni estado de derecho no son elecciones, es solo la metodología impuesta por los dictadores para falsificar su narrativa de legalidad. Votar sin poder elegir, votar sin libertad y sin ley, es parte de los crímenes y del terrorismo de Estado con que los regímenes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia violan los derechos humanos.
La necesidad de las dictaduras del socialismo del siglo 21 de aparentar respaldo popular que no tienen y “ganar elecciones” para mantener la simulación de democracia, ha originado el concepto de “dictaduras electoralistas”. Simulan elecciones poniendo en escena votaciones manipuladas por medio de crímenes que violan los derechos humanos con delitos de falsificaciones, suplantaciones, coacciones, extorsiones, acusaciones y denuncias falsas, apresamientos indebidos, torturas y más.
Dictadura electoralista es “el régimen que concentra el poder absoluto en un jefe o en un grupo u organización, reprime los derechos humanos y las libertades individuales e impone y manipula votaciones como eventos electorales en los que el pueblo vota pero no elige”.
Votar pero no elegir es la esencia de la dictadura electoralista. Ir a las urnas para votar sin la posibilidad de elegir candidatos que han sido inhabilitados, que están presos, exiliados o que han sido asesinados. Votar como obligación, pero no de ejercicio ciudadano, sino de validación de un régimen que suprime la libertad de todo el pueblo suprimiendo criminalmente la posibilidad de elección.
No podemos seguir llamando “elecciones” a votar sin elegir. Cuando se vota sin poder elegir estamos ante “votaciones en dictadura” que son parte del terrorismo de Estado. La esencia de una elección -como su nombre lo indica- es elegir, esto es “escoger o preferir a alguien”, que es precisamente lo que impiden las dictaduras.
Para que una votación sea una elección tienen que existir básicamente libertad y vigencia del estado de derecho. Libertad como “la facultad de las personas para elegir de manera responsable su propia forma de actuar dentro de una sociedad”. La liberad se ejerce en el marco del “estado de derecho” que es el “sistema en el que todas las personas, instituciones y entidades públicas y privadas, incluido el propio Estado, están obligadas a acatar leyes justas, imparciales y equitativas, y tienen el derecho a igual protección de la ley, sin discriminación”.
El estado de derecho supone y garantiza el “sufragio universal”, la “separación e independencia de los poderes públicos” y un “régimen plural de partidos y organizaciones políticas”, que son los elementos que hacen al ejercicio de la libertad.
El socialismo del siglo 21 o castrochavismo, en la narrativa de legalización de sus dictaduras de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, pretende que la votación manipulada sea entendida como democracia. Trata de imponer que los dictadores sean legales porque hacen votaciones en regímenes con presos políticos, exiliados, torturados, asesinados y sometidos por el sistema de “terrorismo de Estado”.
El afán de legalización de los dictadores tiene que ver con el reconocimiento internacional y la consiguiente capacidad de representación a nombre del país donde detentan el poder. Simulando elecciones y suplantándolas con votaciones en dictadura, los regímenes de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia han logrado hasta ahora mantener la representación de los países que reprimen, que han convertido en narcoestados y centros de conspiración contra la democracia y la paz.
En Cuba el pueblo es obligado a votar en un sistema de “partido único”. En Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia han liquidado el “sufragio universal y secreto” -fundado en la igualdad de los ciudadanos- porque en todos los textos de las denominadas constituciones del socialismo del siglo 21 imponen diferencias y privilegios que hacen desaparecer la igualdad, otorgando mayores representaciones a sectores que manipulan, con controles de resultados que premian o castigan.
La “votación en dictadura”, mal llamada elección de 2021 en Nicaragua, fue la crónica de una cadena de delitos con los que la dictadura ha presentado al mundo una tragicomedia con el resultado de Daniel Ortega arrogándose un triunfo con el 75,92% votos, con 5 opositores funcionales, más de 222 presos políticos luego desterrados y privados de su ciudadanía. Una falsificación absurda pero hasta ahora vigente por un dictador que tiene más del 80% de repudio popular.
La dictadura de Venezuela, beneficiada para su subsistencia con el denominado “Acuerdo de Barbados” que incumple abiertamente, está repitiendo la tragicomedia nicaragüense para perpetuar en el poder al dictador Nicolas Maduro. Los primeros delitos consisten en la manipulación de la inhabilitación de la candidata única de oposición María Corina Machado para fomentar la recreación de la “oposición funcional” y realizar votación en dictadura” pero no elecciones.
Carlos Sánchez Berzaín es abogado, politólogo, catedrático y ensayista boliviano exiliado en Estados Unidos. Fue ministro de la presidencia, ministro de gobierno y ministro de defensa durante el primer y segundo gobierno del presidente constitucional Gonzalo Sánchez de Lozada. Es autor de varios libros sobre las dictaduras del siglo XXI y director del Interamerican Institute for Democracy.

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