
De lo humano y lo que no

El ser humano que solo es capaz de trabajar y producir con sus manos y apenas vislumbrar lo que sucederá el mes que viene, siente una gran admiración por el individuo que es capaz de trabajar con la cabeza y puede proyectarse 3, 6, 10 jugadas por delante.
Pero es un sentimiento ambivalente, de amor-odio. A la vez de envidia y celo, que con frecuencia pone traspiés, algunas veces elimina. Todo mediocre es plenamente consciente de que en justa competencia, el enérgico lo aventajaría siempre.
Toda nuestra emergencia civilizatoria se la debemos a las pocas veces que los más inteligentes han logrado reunirse, cooperar, y no ser diluidos en la mediocridad de la masa
Dice Marx que la humanidad ha sido una eterna lucha de clases, de los buenos, la mayoría proletaria, por los malos, los que sobresalen aplastando. En realidad, ha sido exactamente lo contrario: la historia humana ha sido un constante aplastamiento del talento y del genio, por la masa inercial, por los muchos.
Cuando luego de la Ilustración (s XVIII) comenzaron a acumularse grandes cantidades de conocimientos en las mentes de algunos seres humanos, se destacó que algunos tenían una fuerte ventaja competitiva y cuando se unían en team work, eran muy creativos.
Toda nuestra emergencia civilizatoria se la debemos a las pocas veces que los más inteligentes han logrado reunirse, cooperar, y no ser diluidos en la mediocridad de la masa.
El fenómeno de la emergencia de Inglaterra como superpotencia en el siglo XVIII, se debió a que crearon un “contrato social” en que se permitía y facilitaba formar pequeñas elites creativas, el mejor ejemplo el de los Lunáticos de Birmingham. Allí se reunieron nada menos que Matthew Bolton y James Watt, desarrolladores de la primera máquina de vapor, y los abuelos de Darwin: materno (Josiah Wedwood) y paterno (Erasmus Darwin).
Las humanidades se apoyan en asertos y teatro, adosados con algunos miligramos de ciencia
Con seguridad, alli la máquina de vapor de Watt recibió un empujón evolutivo: lo palanqueo un grupo de amigos excepcionales (team work). Y este fue el corazón de la industrialización planetaria y la emergencia civilizatoria.
Las humanidades en general son afirmaciones no demostradas de personas hábiles con la palabra. Lo humanístico es intuitivo y subjetivo, no experimental, científico o ingenieril. Las humanidades se apoyan en asertos y teatro, adosados con algunos miligramos de ciencia. En especial las llamadas Ciencias Políticas y la Sociología, no son ciencias, pero al vestirse con la toga y el birrete, quieren ser científicas a como dé lugar. Y con tal de hacerse un espacio en el teatro social, mienten descaradamente.
La crisis mayor del saber humano hoy radica en las muy mal llamadas Ciencia Políticas, donde los “profesores” son políticos que alguna vez ejercieron el poder. Entonces mintieron, robaron, incumplieron mil promesas. Luego, les hacen profesores. ¿Qué es lo que enseñan estos “profes” ¿Fraude I y II?, ¿Desfalco I, II, III? ¿Palabrería I y II?
La Academia, ha traicionado a Occidente. Entre otras cosas, porque en Humanidades acepta académicamente concepciones de dudosa certitud, pero que desmontan el cuerpo social que duramente hemos ido creando en el Proceso Civilizatorio. Entre estas el marxismo, el buenismo, el igualitarismo. Pero, además, el academicismo minimiza o silencia planteamientos alternativos, con su tendencia a lo pomposo y a crear exclusividad en el acceso a los micrófonos. Ser bueno indiscriminadamente, es ser malo en los hechos.
*Andrés R. Rodríguez es un investigador, biólogo, profesor y escritor cubano exiliado en Estados Unidos. Autor de no pocos libros: "Havana 500 Anniversary”, "Caribbean Touristic Dictionary”, "Destellos al Alba”, "Lista de nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos", "Peces marinos importantes de Cuba", "Ecología actual, conceptos fundamentales”, "Maritime Dictionary”, "Fábulas vivas", "Colonial Havana˗Trinidad”, "Ecología para Ecoturismo" y "La verdad es llama”.



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