
Es en la persona de Alexander Solzhenitsyn donde se concreta la imagen arquetípica del disidente contemporáneo, el hombre que da voz al horror silente, el hombre que articula el relato de los que yacen en fosas comunes
Las consecuencias son devastadoras. Podemos verlo hoy en día en sociedades gobernadas férreamente por minorías vociferantes que convencieron a las mayorías silentes de que no hay nada que hacer, en África, Asia, América Latina e incluso en Europa
Bogaciones19/04/2025 Roland Behar
La civilización y la cultura judeocristiana están a punto de desaparecer.
Vale aclarar que cuando nos referimos a la civilización y la cultura judeocristiana no hablamos los judeocristianos, judíos que se convirtieron al cristianismo, sino de la confluencia de las esencias y los grandes logros, más allá de los elementos religiosos, que son pilares de lo que conocemos como Occidente.
Este momento histórico es un "punto de inflexión", un momento crucial que marca un cambio significativo en la historia. Si no actuamos como corresponde, perderemos todo lo que hemos avanzado como civilización desde todos los puntos de vista. Lo que nuestros antepasados judíos y cristianos consiguieron a base de luchas y sacrificios para lograr el ordenamiento de una sociedad más justa respecto a los derechos de las mujeres, la niñez, las minorías, su igualdad ante la ley, los preceptos acordados en la declaración Universal de los Derechos Humanos, el derecho a practicar la religión de su elección sin ser castigado por ello, así como tantos otros derechos conseguidos luego de años de tenacidad y sacrificios de nuestros antepasados.
Lo que viene es el islam. Europa ésta abarrotada de yihadistas. Están entre los millones de musulmanes que, voluntariamente o huyendo de la violencia en sus países de origen, buscaron un mejor futuro para sus familias en los países que los acogieron. Son miles estos yihadistas cuyo único objetivo es destruir la civilización occidental. Han conseguido amedrentar a las fuerzas vivas y los gobiernos europeos. Si esto continúa, nos destruirán. En el yihadismo no hay libertad para nadie. Ni para los musulmanes. Por eso huyen de sus países, para no convertirse en esclavos.
Todo parece apuntar que la única opción posible es una victoria total en la región por parte de Israel porque significaría un golpe demoledor contra el yihadismo internacional, Suni y Chiita.
En 1789 sucede la Revolución Francesa, con sus luces y sus muchas sombras. En 1815 Napoleón es derrotado y con ello se detiene un movimiento que intentaba expandir por toda Europa los conceptos de Libertad, igualdad y fraternidad. A medida que Napoleón conquistaba países, abolió los sistemas judiciales absolutistas, monárquicos reemplazándoles por el Código Napoleónico. Pese a sus grandes fallas, era muy superior a los sistemas existentes, por ser mucho más liberal. Estaba basado en el mérito, en vez del linaje. De paso, permitió a los judíos vivir fuera de los guetos en pueblos y ciudades europeas. Por primera vez se les permitió asistir a las universidades. Esto fue visto en Europa como un proceso de liberación.
Mas todo terminó con la derrota de Napoleón. Y los imperios europeos revirtieron lo que se había logrado desplegando crueles represiones.
En 1848, se produce un fenómeno social sin precedentes, conocido como la Primavera de los Pueblos Europeos, cuando se producen revoluciones en toda Europa de modo simultáneo. Exigían constituciones, parlamentos, elecciones, libertad de expresión, pensamiento, prensa, culto y asociación, cartas de derechos, separación de iglesia y estado, entre otros reclamos. En esencia, era todo lo que define la vida democrática occidental moderna. Aunque no todo se logró inmediatamente, sin dudas trazó el rumbo por el que aquellas sociedades querían transitar. Lo han hecho en mayor o menor medida desde entonces.
Es indiscutible que, a partir de 1848, los gobernantes europeos se vieron obligados a cambiar el discurso para evitar o demorar su derrota frente a las revoluciones democráticas que acontecieron en varios países. La Segunda República Francesa (1848–1852) es breve pero clave en la historia política de Francia. Fue una etapa de transición y experimentación democrática que dejó una huella profunda, a pesar de durar sólo cuatro años.
El 24 de febrero de 1848, triunfa lo que se llamó la “Segunda República Francesa”. Por primera vez en la historia se implantó el sufragio universal masculino. Fue uno de sus logros más importantes pues más de 9 millones de hombres pudieron votar, en comparación con los pocos cientos de miles del sistema anterior. Además, se restauraron de inmediato la libertad de prensa y asociación, además de crearse talleres nacionales para dar empleo a los desempleados en obras públicas, lo cual fue un desastre – nótese esto último como un fracaso del socialismo.
No existe un país musulmán que sea gobernado de acuerdo con estos conceptos ideados a partir de 1848. El objetivo del yihadismo es revertir este proceso.
En este momento la composición de la población musulmana en la Unión Europea es aproximadamente de 20 millones de personas, o sea cerca de un 4% del total poblacional. En Estados Unidos con 4.5 millones representan el 1.34% de la población. Cada día es mayor su influencia política a través de cargos electivos o gubernamentales tanto en Europa como en América.
Las repercusiones de la Guerra en Gaza, luego de las atrocidades cometidas el pasado 7 de octubre de 2023, han desatado una ola de judeofobia que después de la Shoah (Holocausto) se había sostenido a nivel de susurro, por haberse trocado el antisemitismo en un discurso político incorrecto.
Ya no lo es.
Se ha formado una simbiosis letal entre los partidarios del socialismo autoritario y totalitario con el yihadismo. Han tomado “la lucha del pueblo palestino” como su bandera fundamental. En busca de ello incitan, financian y organizan a los musulmanes asentados en Europa y América como vehículos de sus objetivos de destruir la civilización occidental.
Lo peligroso es “la espiral del silencio” que se ha generado, tanto en Europa como en América por la vía del movimiento woke. Vemos sus manifestaciones en universidades, plazas y avenidas de todo el mundo y pensamos que dominan los sentimientos y discurso de las sociedades donde actúan. En realidad, no es así, y ahí radica el peligro de sucumbir a la espiral del silencio.
¿Qué es la espiral del silencio? La politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, en su libro La espiral del silencio, analiza cómo aspectos y efectos de la opinión pública se convierten en una forma de control social donde las personas se comportan a tono con las formas hegemónicas y donde “la sociedad amenaza con el aislamiento a los individuos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal forma que el comportamiento del público está influido por la percepción que se tiene del clima de opinión dominante”.
La espiral del silencio es una teoría sobre la opinión pública que sugiere lo siguiente: las personas tienden a callar su opinión cuando perciben que va en contra de la mayoría por miedo al aislamiento social. Es solo una percepción alentada por el ruido producido por quienes controlan el discurso, ya sea desde el gobierno o la oposición. Son minorías, bien entrenadas y financiadas que pueden ser muy escandalosas. Suenan a mayoría, pero no lo son.
Esta autocensura hace que las opiniones de la mayoría, puedan ser acallada, pero en momentos claves nos sorprendan con sucesos inesperadas como demostraron las pasadas elecciones de Estados Unidos y Argentina.
Las personas observan qué opiniones dominan en medios, redes o entornos sociales. Si su punto de vista va en contra de lo que perciben como mayoritario, sienten temor al rechazo o a la crítica. Prefieren callar o no participar. Al hablar solo los que sostienen lo que aparenta ser la opinión dominante, esta parece aún más consensuada. Más personas callan y la opinión disidente se “invisibiliza”. Se genera una espiral, en la que el silencio se multiplica por miedo a quedar aislado, incluso si mucha gente comparte la opinión silenciada.
Las consecuencias son devastadoras. Podemos verlo hoy en día en sociedades gobernadas férreamente por minorías vociferantes que convencieron a las mayorías silentes de que no hay nada que hacer, en África, Asia, América Latina e incluso en Europa.
Pero también, si no actuamos como corresponde, puede pasarnos aquí, en los Estados Unidos. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

Es en la persona de Alexander Solzhenitsyn donde se concreta la imagen arquetípica del disidente contemporáneo, el hombre que da voz al horror silente, el hombre que articula el relato de los que yacen en fosas comunes

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