
Plomo en el ala

El político y militar italiano Benito Mussolini, figura clave del Partido Nacional Fascista y del Partido Fascista Republicano, dijo: “Todo dentro del estado, nada fuera del estado, nada contra el Estado”. El dictador cubano Fidel Castro, jefe del partido comunista que aún gobierna la isla, se apropió de la frase fascista y la convirtió en eslogan de su llamada "revolución".
Pero no todo comenzó en los totalitarismos del siglo XX. Las culturas occidentales llevan plomo en el ala desde su origen judeo-cristiano. Nos fundó Moisés, guiando al pueblo judío a través del desierto hacia la tierra prometida. Pero no todos llegaron.
Cuando “el iluminado” subió a la montaña, descendió con 10 mandamientos, subyugantes de todos. Aquellos en su tribu, de su sangre, que continuaron “adorando el becerro de oro”, merecieron ser pasados a cuchillo. Una tercera parte de la tribu fue así eliminada, sacrificada por los seguidores de Moisés.
Por milenios, existieron en Europa guerras y genocidios y asesinatos de pretexto religioso, incluso en los siglos XVII y XVIII fue una continuidad de devastadoras guerras, a veces por nimiedades en interpretaciones religiosas de textos sagrados: la Biblia, el Corán… Cristianos y protestantes, apostólicos, hugonotes, huteritas y otomanos, discutieron sobre los libros sagrados y encajaron espadas o cimitarras, sitiaron y arrasaron ciudades amuralladas en nombre de Dios, Alá, Jehová o las Vírgenes. Morían o mataban por diferencias de interpretación de textos, a veces nimias.
Cada vez se hace más evidente que también la intelligentsia (la intelectualidad) occidental nació con plomo en el ala. O tal vez el plomo entró en un pichón jacobino, cuando los pensadores franceses del Siglo de las Luces, imaginaron paradigmas recargados hacia el buenismo social: el ser humano originalmente era un salvaje inocente, que se contaminó en la sociedad, pero, “todos somos buenos”.
Luego, muchos escritores pudieran ser señalados como buenistas creadores de personajes “buenos”. Robin Hood se reprodujo en el justiciero Don Quijote que deshace entuertos, en el Zorro vengador, justiciero nocturno; en Jean Valjean, el bondadoso ex presidiario y habita las urbes modernas. Batman, Robin, Superman y un largo etcétera.
Rousseau quizás fue el que mas plomo inoculó en el cuerpo de la cultura occidental. Luego le secundaron Saint Simon, Owen, Marx, Sartre y otros. Nos soñaron, más que nos pensaron. Pero esos revolucionarios sueños plomizos, han resultado pesadillas, solo pesadillas.
Aún con esa larga mitologización del bueno, aún hoy el odio llamea en el cerebro de algunas ideologías y culturas, y llaman "enemigos del pueblo" a toda disidencia, cuando la evolución cultural se deriva de la diversidad de ideas.
En general, hoy rara vez una tribu pasa cuchillo a parte de otra tribu que no marcha con la manada (notable excepción los Hutus y Tutsis en África Central y Putin invadiendo Ucrania a lo cosaco). Sin embargo, hoy el choque de la intolerancia ideológica, obliga a millones a abandonar el país en que nacieron, desplazados de maneras más graduales, teatrales o hipócritas, pero excluidos.
Y la mayoritaria tradición verbalista o parlamentaria de occidente, no impide que uno que otro hombre de a caballo declare a sus alternancias políticas "enemigos del pueblo", "revisionistas", "gusanos" o "escuálidos", y les envíe Camisas Pardas o Avispas Negras para reprimirlos o liquidarlos.
En el caso de Cuba y su “revolución”, las intrigas de Castro y el Partido Socialista Popular (PSP) desembocaron en otro hombre de a caballo enviando camisas pardas o avispas negras a neutralizar los enemigos del pueblo revisionistas, gusanos o escuálidos.
“Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”, puede implicar unas onzas de plomo, muerte en la miseria proletarizada o un pasaje de avión en Pan American. Más como la limpieza ideológica se hizo cerca de la Florida, los “gusanos” fueron a mariposear al gulag de Miami, al cabo de los años de colectivismo total y forzado, resultó que el gulag es mas próspero que la isla en pleno, y que hoy la sostiene económicamente, aunque “la revolución” diga lo contrario.
El que sepa leer estos hechos, evidentes en el aplomado descenso del nivel de vida de los cubanos, no tiene que teorizar. La colectivización no es vía de ascenso social. Lleva plomo en el ala.



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