
Sombra

Ella cabalga sin gran preocupación.
Todo peso caerá sobre otro cuerpo,
el suyo es frágil,
no tiene fuerzas ni enemigos.
Su cuello jamás fue picoteado
por los cuervos
y nunca confesó bajo tortura.
No hay en ella nostalgias ni entusiasmo,
ni pecado, ni carne, ni hedor,
ni eco desfallecido en las columnas,
ni final, ni principio.
Ella le canta al jubileo de lo incierto.
Incrustada en un muro
se va cuando nos vamos.
Su mejor atributo
es traspasar paredes y peceras,
rejas y cavidades palpitantes.
Nunca aprendió un idioma.
Su mímica es innata.
No logra cavilar.
Se roe en el tapiz más carrasposo,
se afina en el urbano pasadizo,
se detiene en la puerta del panteón.
Ella transcurre en el contraste
de la umbría,
se hace hilo y oleada.
Baja por el manubrio que has subido,
sube por la escalera que has bajado.
Ella se pierde
y se reencuentra en el espejo,
se asesina a sí misma en su imprudencia,
se deplora y se admira en su arrogancia.
Ella tiembla en la urdimbre tempestuosa.
Desaparece rauda, involuntaria,
y aparece otra vez si tú regresas.
Rodrigo de la luz es poeta y artista plástico cubanoamericano nacido en Villa Clara en 1969. En 1998 se fugó a Estados Unidos, donde ha realizado exposiciones y publicado cuatro poemarios (Mujeres de Invierno, Poesía Viva, Mío Mundo, La luz que se prolonga) y el libro de cuentos Cien hombres, una mujer y otros delincuentos. Colabora con revistas y programas de radio. Varios de sus libros se han presentado en la Feria Internacional del Libro de Miami.



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El retrato como reflejo e identidad: sobre el libro "La Bella Cubana, rostros de mujeres en la Cuba del siglo XIX"





