
Es en la persona de Alexander Solzhenitsyn donde se concreta la imagen arquetípica del disidente contemporáneo, el hombre que da voz al horror silente, el hombre que articula el relato de los que yacen en fosas comunes
Un gordo barbudo, sentado en una biblioteca de Londres, descubrió que todo es parte de una tal lucha de clases. Y dijo “No se trata de interpretar al mundo sino de transformarlo”
Bogaciones15/07/2023 Andrés R. Rodríguez*
El notable economista estadounidense Thomas Sowell advierte que “podemos convertirnos en la primera civilización destruida, no por el poder de nuestros enemigos, sino por la ignorancia de nuestros profesores y las peligrosas tonterías que están enseñando a nuestros hijos. En una época de inteligencia artificial, están creando una estupidez artificial”.
Cualquiera que se pretenda pensador, escritor o ser filosofante, debe no solo razonar acerca de lo físico y lo metafísico, sino crear un método para enseñarlo a los tantos estúpidos incultos que le rodean. Por lo general la aristocracia intelectual “razona” y expone (e impone) sus raciocinios a las plebes “irracionales”.
La intelectualidad moderna emergió de la carcasa sacerdotal medieval. Casi todo intelectual, cree que puede y debe emular a aquellos inauguradores jacobinos franceses del siglo XVIII. Muchos no han aceptado los métodos sangrientos, pero la mayorías acepta implícitamente que se debe llegar a métodos revolucionarios. Es decir, dinamitar las estructuras sociales para hacerlas cambiar, no importa el dolor que produzca y el resultado final, que siempre es teóricamente mejor, pero en los hechos, casi siempre peor.
Un gordo barbudo, sentado en una biblioteca de Londres, descubrió que todo es parte de una tal lucha de clases. Y dijo “No se trata de interpretar al mundo sino de transformarlo”.
Transformarlo no con calma y prospección, esperando que las criaturas nazcan de parto natural, sino que el intelectual debe ser partero de la historia. El fórceps es una carga de dinamita, un fusil o un misil. Esta es ley que debe acatar todo intelectual “progresista”.
Lo anterior explica que tantos intelectuales sean tan críticos con las sociedades liberales en que viven. Generalmente odian al “capitalismo”. Olvidan cierto detalle: El “capitalismo” (sistema de libre mercado) no lo inventó nadie y es una estructura dinámica, en constante cambio, un poco como ocurre en un ecosistena natural.
Cuando los “intelectuales orgánicos”, y hoy los “académicos” pretenden haber capturado la dinámica de lo social en un esquema, en un libro, en una frase, olvidan que sus asertos son simples suspiros en la dinámica del mundo.
Pretenden ser los que “conocen” como debe ser y discurrir la sociedad. En otras palabras, pura y simple arrogancia intelectual. Sin embargo, cuando el pensamiento parece asentarse, enferma de duda, y salta, o no es pensamiento. Es gaseoso, volátil, huidizo, centrífugo y a la vez centrípeto, fracturado, o no es pensamiento.
Hay que aclarar, que los intelectuales que se basan en auténtica cultura y en conocimientos comprobados y científicos, tienden a ser muy comedidos y a mantenerse dentro de cuarterones de saber, sin pretender explicarlo todo. Incluso, su natural tendencia es a quedarse callados ante las grandes generalizaciones. Ello casi lo impone la estructura disciplinar de la ciencia.
Lo contrario ocurre con intelectuales que se forman como filósofos, sociólogos, politólogos (“cientistas” políticos) y otras especializaciones de humanidades. Los más costosos de todos son los poetas, novelistas y guionistas de cine y televisión que creen que sus ficciones son capaces de capturar la realidad, hasta congelarla, y nos la quieren pasar a todos para que la comamos como helado de chocolate. Estos señores, con conocimientos muy superficiales de la real funcionalidad del mundo, de ciencias, de matemáticas, pretenden ser los mas autorizados avizoradores. Vano intento, tanto si su tendencia es a la verborrea insustancial, como a crear complicadas estructuras conceptuales-filosóficas, como a abarcar el universo entre las tapas de libros. La filosofía es algo imprescindible para lo metafísico, pero es todo menos palanca social, como lo pretendió Marx y tantos que le siguen en el camino de la arrogancia intelectual.
No es casual que Occidente esté en un periodo de descenso. Su cultura, ha sido secuestrada por arrogantes intelectuales, que no solo creen saber. Saben. Están seguros de que sus vivencias son sustantivas, nada adjetivas. Los más degradadores a largo plazo de estos “cerebros”, han logrado colonizar y masificarse las universidades públicas, sostenidas desde los gobiernos.
La juventud actual ha sido educada por “académicos” cada vez mas lejanos de la vida, que se reúnen a mirar por turno el espejito mágico y se leen y citan entre ellos. La bruja de Blanca Nieves era más racional que algunos de estos sabichuchos.
Pero en Occidente son miles y miles de brujos “pensantes” que pensando en frio se dedican a ametrallar lo social, a proponer medidas para su “mejora”, desde sus poltronas y aire acondicionado. Al estar las universidades encerradas en sus murallas, estas medidas que generan y proponen son cada vez mas desvinculadas de la realidad. De ahí se derivan desastres mentales como ideología de género, el animalismo, ecolatría, teoría crítica de raza, etc. Y esperemos otras propuestas “intelectuales” cancerígenas…
Recordemos que desde círculos intelectuales han salido las grandes masacres de Occidente: de los Enciclopedistas la Revolución Francesa, desde Soren Kierkegaard y Friedrich Nietzsche el nazismo y la bestia Rubia, desde Carlos Marx, Federico Engels, León Trotsky, Vladimir I. Lenin, Nikolai Bukharin, etc. los desmanes del comunismo en la Europa del siglo XX.
¿Como pueden sostener esa arrogancia intelectual, en contra de la propia estructura que los sostiene? En primer lugar, porque el intenso proceso de industrialización de occidente (el sistema resultante debiera llamarse industrialismo y no capitalismo) ha creado todas una capa de la sociedad que es sostenida por los otros, vive de “pensar”. Tienden a interactuar solo con colegas y a creer que son los mas capacitados y que pueden apoderarse enteramente de la dirección del cuerpo social.
Señalar los defectos del “capitalismo” es conveniente y necesario. Olvidar que hay muchas maneras de acumular capital, es un error imperdonable. Elevar los defectos del “capitalismo” a ser “el mal”, no solo es una imbecilidad, sino que es un acto de extrema arrogancia, porque no tenemos otra opción que seguir reparando el capital que nos aporta este mundo. Porque la propia biosfera es capitalista.
Porque el mundo intrínsecamente acumula capital: especies, información genética, vida en sus diversas formas. Pero esto parece que la intelectualidad no lo quiere saber. Por ello, mucho de su discurso resulta improductivo.
*Andrés R. Rodríguez es un investigador, biólogo, profesor y escritor cubano exiliado en Estados Unidos. Su más reciente libro es Involución. Otros de sus títulos son: "Havana 500 Anniversary”, "Caribbean Touristic Dictionary”, "Destellos al Alba”, "Lista de nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos", "Peces marinos importantes de Cuba", "Ecología actual, conceptos fundamentales”, "Maritime Dictionary”, "Fábulas vivas", "Colonial Havana˗Trinidad”, "Ecología para Ecoturismo" y "La verdad es llama”.
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